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Arquitectos: Schmidt Hammer Lassen Architects
- Área: 21000 m²
- Año: 1999
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Proveedores: EVVA, Okholm Lighting



A pesar de que el Sol se encuentra a unos 150 millones de kilómetros de la Tierra, esta estrella es la que ejerce la mayor influencia sobre nuestro planeta. Del mismo modo en que algunas personas disfrutan de tomar sol, quienes se dedican a la arquitectura diseñan espacios concebidos para ser bañados por la luz natural.
Por definición, la “energía solar pasiva es el uso de medios naturales para captar y distribuir la energía solar obtenida”. La implementación de sistemas de energía solar pasiva, mediante conceptos y procesos sencillos, permite proveer calefacción, iluminación, fuerza motriz y electricidad a las edificaciones de la manera más respetuosa posible con el medio ambiente.
En este artículo, presentamos una guía completa para implementar sistemas de energía solar pasiva en el diseño arquitectónico.

La innovación puede adquirir múltiples definiciones. Puede girar en torno a la búsqueda de soluciones, el abordaje de ideas novedosas o simplemente una forma original de percibir la vida. También puede ser un avance tecnológico muy concreto o un concepto intangible. No hay respuestas correctas o incorrectas cuando se trata de innovación, solo diferentes puntos de vista.
ArchDaily tuvo la oportunidad de conversar sobre la innovación con Thomas Heatherwick y Yosuke Hayano, de MAD Architects, durante el evento reSITE 2019 en Praga, donde destacadas figuras del pensamiento de todo el mundo compartieron sus ideas sobre el futuro de las ciudades bajo el lema REGENERATE (Regenerar). Este diálogo interdisciplinario, en su 8.a edición, exploró la revitalización natural y urbana, así como problemáticas recurrentes de nuestra época como el cambio climático y el acceso a la vivienda.



¿Qué pueden enseñarnos los edificios existentes sobre cómo construir para el futuro? En una época de recursos cada vez más escasos, se convoca cada vez más a los/las arquitectos/as a entablar un diálogo con el lugar, su historia y el potencial sin explotar de lo que ya está en pie. En lugar de recurrir sistemáticamente a la demolición y la obra nueva, el futuro de la arquitectura podría residir en descubrir las posibilidades de innovación dentro de estructuras que ya han superado la prueba del tiempo.

Crear una atmósfera que potencie las exposiciones y enriquezca la experiencia de quienes visitan y utilizan el espacio requiere un cuidadoso equilibrio entre preservar el carácter único de un lugar y adaptarlo para satisfacer las necesidades de la producción artística y cultural. El desafío radica en mantener la atmósfera industrial de un edificio y, al mismo tiempo, dar cabida a los requisitos específicos del diseño de exposiciones o a los diversos usos que requerirá la nueva edificación. Esta delicada tarea implica considerar detenidamente la distribución espacial, la selección de materiales y las soluciones de iluminación; aspectos que, en su conjunto, desempeñan un papel fundamental en la configuración del nuevo entorno.

Los faros se han erigido durante siglos en los márgenes de continentes e islas como puntos de luz en vastos territorios marítimos. Surgiendo en soledad de acantilados rocosos, arrecifes y promontorios, estas torres fueron herramientas de navegación e instrumentos de claridad espacial, modelando las costas y marcando el límite entre la tierra y el mar. Construidos para guiar, advertir y localizar, constituyeron una red global de visibilidad mucho antes del advenimiento de la cartografía digital. Sin embargo, a medida que evolucionaron las tecnologías marítimas, muchas de estas estructuras perdieron su propósito original. La tipología, en su momento esencial, se encuentra hoy al borde de la obsolescencia. Lo que queda no es una mera reliquia arquitectónica, sino una potente forma espacial: resiliente, simbólica y cada vez más abierta a la reinterpretación.





