
En la costa caribeña de Honduras se encuentra el valle de Leán, una estrecha franja costera delimitada por la cordillera Nombre de Dios al sur y el mar Caribe al norte. Durante mucho tiempo, esta fue la última frontera: una selva densa, pantanos, sin infraestructura y de difícil acceso hacia el interior. No obstante, este panorama comenzó a cambiar con la llegada del pueblo garífuna, que se estableció en la zona entre los ríos Danto y Cangrejal, sentando las bases de lo que se convertiría en la ciudad de La Ceiba, un núcleo urbano en el Caribe hondureño cuya historia ha estado definida por olas de migración: personas de Centroamérica, afrocaribeñas, europeas y del sector corporativo norteamericano. Estos movimientos provenientes de todo el mundo no solo contribuyeron al crecimiento económico, sino que produjeron activamente la lógica espacial, la identidad y la forma arquitectónica de la ciudad.































