El 15 de agosto de 1947, en vísperas de la independencia de la India del Reino Unido, surgió una directiva que transformaría el subcontinente durante las siguientes seis décadas. Con el fin de salvaguardar a la población musulmana del país frente a la mayoría hindú, los líderes coloniales salientes reservaron para su uso las porciones noroeste y este del territorio. A gran parte de las aproximadamente 100 millones de personas musulmanas que vivían dispersas por toda la India se les concedieron poco más de 73 días para trasladarse a estos territorios, las actuales naciones de Pakistán y Bangladés. A medida que sir Cyril Radcliffe (un inglés cuya ignorancia de la historia y la cultura indias era percibida por el gobierno colonial como una garantía de su imparcialidad) trazaba las fronteras de los nuevos países, el estado de Punyab quedó dividido entre la India y Pakistán, conservando este último la capital estatal, Lahore.[1] A raíz de esta pérdida, Punyab fundaría una nueva capital estatal: una que no solo atendería los requerimientos logísticos del estado, sino que declararía de manera inequívoca al mundo entero la llegada de una nueva India, modernizada, próspera e independiente.