Blair Kamin dejó su cargo como crítico de arquitectura del Chicago Tribune en enero de 2021, tras una trayectoria de casi 30 años en el puesto. Ganó el Premio Pulitzer en 1999 por una labor destacada por su serie sobre la ribera del lago de Chicago, que incluyó un artículo sobre las disparidades de raza y clase entre las zonas costeras del norte y del sur de la ciudad. Anteriormente ha publicado dos recopilaciones de su trabajo: Why Architecture Matters (2001) y Terror and Wonder (2010), ambas publicadas por la University of Chicago Press. Su tercera colección, Who is the City For? Architecture, Equity, and the Public Realm in Chicago, se publicó la semana pasada. Hace poco conversé con Kamin sobre su nuevo libro, el estado de Chicago tras la pandemia y la necesidad de una crítica de arquitectura con mayor presencia en los medios de comunicación generales. Mañana publicaré la segunda parte de nuestra conversación, en la que el crítico insiste en la necesidad de redefinir el concepto de "equidad en el diseño".
La escritora Eva Hagberg y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo. Hace ya bastante tiempo, en un año que no logro recordar, le encargué uno de sus primeros artículos para una revista. A ese encargo le siguieron, literalmente, decenas de otros. Así, con cierta expectativa y algo de sorpresa, recibí su nuevo libro, When Eero Met His Match: Aline Louchheim Saarinen and the Making of an Architect (Princeton University Press), un intrigante texto híbrido, en parte biografía de Aline y Eero, y en parte memoria de las experiencias de Hagberg como redactora de diseño y relacionista pública (se me menciona brevemente en el libro). El argumento principal del libro es que Aline Saarinen inventó, en gran medida, el rol de la relacionista pública de arquitectura. Hace poco viajé al Brooklyn Navy Yard para conversar con una Eva muy embarazada sobre el impulso detrás de su nuevo libro, su estructura dual y la ética periodística de Aline Saarinen.
Market Street East (1960-62), Philadelphia Civic Center (1956-57).. Imagen cortesía de Lars Muller Books, los Archivos de Arquitectura de la Universidad de Pensilvania, Sue Ann Kahn y el Museo de Arte Moderno.
En una época de libros electrónicos y publicaciones prioritariamente digitales, Louis Kahn: The Importance of a Drawing (Lars Müller Publishers) es un desafío nostálgico: un volumen suntuoso de más de 500 páginas, un objeto a la altura de su tema, cuyos edificios poseían un peso, tanto literal como figurado, que constituía gran parte de su fuerza y atractivo. Concebido y edito por Michael Merrill, el libro es tanto un examen profundo del proceso creativo de Kahn, narrado a través del dibujo a mano, como un retrato revelador del hombre detrás de esos edificios e ilustraciones. Merrill es arquitecto y docente, y actualmente se desempeña como director de investigación en el Instituto de Tipología Edificatoria del Instituto de Tecnología de Karlsruhe en Alemania. También es autor de dos libros anteriores sobre el maestro de la arquitectura, Louis Kahn: Drawing to Find Out y Louis Kahn: On the Thoughtful Making of Spaces.
El libro más reciente de Witold Rybczynski —quien ya lleva 22 títulos publicados, según el último recuento— es The Story of Architecture (Yale University Press), y es tan exhaustivo como su título sugiere. El autor de Home y A Clearing in the Distance comienza con la Antigüedad y avanza de manera cronológica a través de los distintos movimientos, edificios y arquitectos/as, hasta llegar a la actualidad. Esto lo hace, según reconoce, desde su propio prisma. "No he prestado la misma atención a todas las partes del mundo", escribe en la Nota al lector del libro. "Esta es, principalmente aunque no de forma exclusiva, la historia del canon occidental. Esto no pretende desmerecer a aquellas regiones que suelen tener sus propios y singulares logros arquitectónicos... pero he elegido ejemplos que transmiten mejor el impulso principal de la corriente de pensamiento arquitectónico que más me ha influido". Hace poco conversé con Rybczynski sobre la génesis del libro, lo que perdió la arquitectura cuando abandonó la ornamentación y dónde nos encontramos hoy en día.
Las firmas de arquitectura no suelen hacer historia en el ámbito laboral, pero eso fue lo que ocurrió a principios de este mes cuando el personal de Bernheimer Architecture acordó formar un sindicato. Es un hecho inédito para la industria y llega seis meses después de un intento fallido de sindicalización en SHoP. La iniciativa se llevó a cabo bajo el auspicio de la Asociación Internacional de Maquinistas y Trabajadores Aeroespaciales en colaboración con Architectural Workers United (AWU), un grupo de organización de base. Está por verse si esto conducirá a otros esfuerzos exitosos, pero representa claramente un paso adelante para el sector laboral en la arquitectura. Según Curbed, AWU "actualmente mantiene conversaciones con hasta otras diez firmas en Nueva York".
Cuando el estimable Blair Kamin dejó su cargo como crítico de arquitectura del Chicago Tribune a principios de 2021, la ciudad se quedó sin un/a crítico/a diario/a en ninguno de los medios de comunicación locales. Esta lamentable situación se corrigió parcialmente hace poco, cuando el Chicago Sun-Times anunció que Lee Bey comenzaría una columna mensual de arquitectura. El escritor, historiador, fotógrafo y crítico aporta una vasta experiencia a la tarea: fue crítico de arquitectura del Sun-Times durante cinco años a finales de la década de 1990, se desempeñó como subjefe de gabinete de planificación y diseño en la administración del alcalde Richard M. Daley, dirigió asuntos gubernamentales en SOM y enseñó en el IIT. Su libro más reciente es Southern Exposure: The Overlooked Architecture of Chicago’s South Side. La semana pasada conversé con Bey sobre su nuevo rol, cómo ha cambiado la ciudad desde su última etapa como crítico y la singular importancia que tiene la arquitectura para Chicago.
Aunque el nuevo libro de Stephen Zacks, G.H. Hovagimyan: Situationist Funhouse, trata aparentemente sobre la vida y obra del artista, hay un trasfondo intrigante y de gran actualidad que asoma en segundo plano: el papel del arte y la cultura en el desarrollo y la reurbanización de las ciudades. Se trata de un tema complejo y a veces tenso, propenso en ocasiones a un pensamiento simplista e incluso binario. Zacks, amigo y antiguo colega en Metropolis, siempre ha tenido una visión más matizada al respecto. La semana pasada me puse en contacto con él para conversar sobre la obra de Hovagimyan, las lecciones históricas del Nueva York de la década de 1970 y por qué la "gentrificación" necesita un nuevo nombre.
Hay una cita célebre —por lo general atribuida a Winston Churchill— que dice: "La historia la escriben los vencedores". Esta creencia cínica y en gran medida errónea solo podría ser cierta si la historia fuera algo fijo, establecido y estático. Nunca lo es, y es precisamente por eso que existen los/las historiadores/as. Quizás sería más preciso decir que el primer borrador de la historia lo escriben los vencedores. Sin embargo, como bien sabe cualquier escritor o escritora, los primeros borradores son famosos por su falta de confiabilidad. Lo mismo ocurre con la historia de la arquitectura. Las mujeres han desempeñado un papel fundamental en este campo desde los inicios de la profesión, pero la historia no lo ha registrado de esa manera. Un nuevo libro, The Women Who Changed Architecture (Princeton Architectural Press) —una colección de más de 100 minibiografías de destacadas arquitectas que abarca más de un siglo—, busca dar un paso hacia la corrección de esa omisión. Hace poco conversé con Jan Cigliano Hartman, editora del volumen, sobre la creación del libro, las figuras clave que han sido pasadas por alto y por qué esta no es una lista definitiva.
Hace aproximadamente dos semanas, recibí un correo electrónico intrigante de Jeff Speck, autor de dos de los libros más influyentes sobre planificación urbana de las últimas dos décadas: Suburban Nation (2010; coescrito con Andrés Duany y Elizabeth Plater-Zyberk) y Walkable City (2012; reeditado en 2022 con material nuevo). El comunicado de prensa que incluía anunciaba la creación de una nueva sociedad, SpeckDempsey, "una nueva firma de planificación y diseño al servicio de clientes gubernamentales, privados y sin fines de lucro". Antes de esto, Speck era un dinámico y muy visible "hombre orquesta" que difundía la causa de las ciudades caminables. Tras pasar una década como director de urbanismo en la firma de Duany y Plater-Zyberk, Speck se desempeñó como director de diseño del National Endowment for the Arts (Fondo Nacional para las Artes de EE. UU.) antes de fundar Speck & Associates en 2007. Ahora ha sumado fuerzas con Chris Dempsey, un defensor del transporte del área de Boston, con el objetivo común de llevar las prácticas de ciudades caminables a gran escala. La semana pasada conversé con ellos sobre su nueva asociación, su metodología y sus planes para el futuro.
Incluso dentro del ámbito de los medios de diseño, fue fácil pasar por alto la noticia: a finales de enero, la Escuela de Arquitectura de Notre Dame anunció que Peter Pennoyer, arquitecto y autor con sede en Nueva York, había ganado el Premio Richard H. Driehaus 2024. El Driehaus es la versión para el diseño tradicional y clásico del Premio Pritzker de arquitectura. Si bien viene acompañado de un cuantioso cheque de 200,000 dólares —el doble de la dotación del Pritzker— y entre sus galardonados anteriores figuran personalidades tan destacadas como Robert A.M. Stern, Michael Graves, Leon Kier y Andrés Duany junto a Elizabeth Plater-Zyberk, el premio sigue existiendo en una especie de vacío mediático.
El formato del último libro de Blair Kamin, Who Is the City For?, difiere ligeramente de las compilaciones típicas. Kamin agrupa sus columnas de manera temática (las 55 aparecieron en el Chicago Tribune cuando se desempeñaba como crítico de arquitectura) y luego, casi siempre, añade una posdata que actualiza o replantea la historia de cara a nuestra tensa nueva normalidad. Uno de los temas recurrentes, tanto en los artículos como en las posdatas, es la cuestión de la equidad en el diseño. A medida que la desigualdad de ingresos, el racismo sistémico y el cambio climático se volvieron centrales en los debates culturales y políticos, la equidad pasó a ser el lente crítico de gran parte de la crítica de diseño. En nuestra reciente conversación, Kamin abogó por una definición más amplia de este término.
https://www.archdaily.cl/es/1139569/blair-kamin-sobre-como-replantear-la-cuestion-crucial-de-la-equidad-en-el-disenoMartin C. Pedersen
George Smart es un conservacionista improbable, casi accidental. Smart, fundador y director ejecutivo de USModernist —una organización sin fines de lucro dedicada a la conservación y documentación de casas modernas—, trabajó durante 30 años como consultor de gestión. “Me dedicaba a la planificación estratégica y a la capacitación organizacional”, comenta. “Mi esposa se refiere a todo este otro proyecto como un ataque que ya dura 16 años”. Recientemente conversé con Smart sobre sus dos sitios web, el podcast, los recorridos por casas que organiza su fundación y por qué la documentación es una herramienta de conservación tan poderosa.
En medio de la rabia, el furor y el dolor que siguieron al asesinato de George Floyd, una voz dentro de la comunidad de la arquitectura logró situar el ajuste de cuentas con el racismo —pendiente en el país desde hace siglos— en el contexto más amplio del entorno construido. A principios de este mes, CityLab publicó el ensayo del arquitecto Bryan C. Lee Jr., “Las ciudades de Estados Unidos fueron diseñadas para oprimir”, una apasionada polémica sobre diseño y raza que además tuvo la gran virtud de proponer soluciones concretas.
Lee es fundador y director de diseño de Colloqate, una firma de diseño y defensa pública con sede en Nueva Orleans que fue nombrada Emerging Voice en 2019 por la Architectural League de Nueva York. En 2017, Colloqate lideró el proyecto Paper Monuments, una campaña de arte e historia pública lanzada en el marco de la exitosa lucha para retirar las estatuas confederadas de Nueva Orleans. Además de su labor de activismo, la firma trabaja actualmente en proyectos arquitectónicos en Portland, Toronto y Nueva Orleans. La semana pasada conversé con Lee sobre su ensayo, el tenso momento que vivimos y el rumbo que debe tomar el país a partir de ahora.
Tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, Estados Unidos estalló en protestas y manifestaciones. El fervor generado por ese acontecimiento llegó al mundo de la educación de la arquitectura un par de semanas después, cuando dos agrupaciones de la Harvard Graduate School of Design (GSD) —la African American Student Union (AASU) y AfricaGSD— publicaron una declaración pública, Notes on Credibility, exigiendo reformas en la institución. Cuatro días más tarde, la decana Sarah M. Whiting publicó una respuesta, Towards a New GSD. Poco después, me puse en contacto con los grupos, quienes me comunicaron con dos de sus integrantes: Caleb Negash, estudiante de segundo año del programa de Maestría en Arquitectura (MArch), y Andrew Mbuthia Ngure, estudiante de tercer año del mismo programa.
Low-Rise: Housing Ideas for Los Angeles es la última iniciativa liderada por Christopher Hawthorne, director de diseño (Chief Design Officer) de la ciudad de Los Ángeles. Desde que dejó su puesto como crítico de arquitectura del Los Angeles Times en marzo de 2018, Hawthorne se ha labrado un papel único y sorprendentemente amplio en el ayuntamiento. Hace poco me puse en contacto con él para hablar de sus más de dos años en el gobierno, del último desafío de “ideas” (como él describe a Low-Rise) y de otros problemas que enfrenta Los Ángeles.
El documental de 2003 de Nathaniel Kahn, My Architect, era, en su esencia, la búsqueda de un hijo por su padre. La película, que fue nominada al Óscar y se reestrenará a finales de este año, exploraba la compleja vida familiar de Louis Kahn: tres hijos de tres parejas distintas, quienes en gran medida desconocían la existencia de los demás. Sin embargo, el documental abordaba tanto la obra de Louis Kahn como su vida personal. Como resultado, despertó un renovado interés en sus edificios, tanto en la cultura general como en el ámbito académico de la arquitectura.
Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge como "Kate Wagner sobre McMansion Hell, la crítica y su amor por el ciclismo".
A diferencia del mito cinematográfico, el éxito de la noche a la mañana no existe. El momento en que una figura cultural irrumpe en escena, aparentemente consolidada, casi siempre está precedido por años invisibles de formación autodidacta y una obsesión inquebrantable. Tal es el caso de Kate Wagner, quien revolucionó el internet de la arquitectura en 2016 con el lanzamiento de McMansion Hell, una sátira mordaz e hilarante sobre las desmesuradas viviendas estadounidenses, en todo su estridente y desesperado afán de grandeza. Un año después, el portal inmobiliario Zillow envió a Wagner, que entonces tenía 23 años, una carta de cese y desista, alegando que el uso de las fotografías violaba los derechos de autor (¡a pesar de que ellos tampoco eran dueños de las imágenes!). Fue una maniobra torpe que derivó en un inevitable cambio de postura por parte de la empresa y una avalancha de publicidad gratuita para McMansion Hell.
En la reedición de esta semana, Martin C. Pedersen conversa con John Englander, autor de Moving to Higher Ground: Rising Sea Level and the Path Forward, sobre el “imparable” aumento del nivel del mar. El artículo analiza la importancia de planificar de inmediato ante este desafío. De hecho, "tenemos algo de tiempo, pero no todo el tiempo del mundo", afirma John Englander.