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Tras un viaje de siete horas en automóvil hacia el suroeste desde Shanghái, se llega al condado de Songyang. El nombre es desconocido para gran parte de la población china, y resulta aún más ajeno en el extranjero. El condado se compone de unas 400 aldeas, desde Shicang hasta Damushan.
Aquí, onduladas y exuberantes terrazas verdes abrazan las laderas del valle del río Songyin, el cual conforma un sinuoso movimiento que unifica las tierras. Al seguir el río, se puede observar: aquí, una Fábrica de Azúcar Moreno; allá, un Teatro de Bambú; y al otro lado, un Museo Hakka de piedra, construido recientemente pero con métodos tan antiguos que incluso los/las albañiles locales tuvieron que aprender estas técnicas por primera vez, como si fuesen métodos modernos, como si fuesen revolucionarios.
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Y tal vez lo sean. El condado de Songyang, también conocido como la “Última tierra oculta de Jiangnan,” puede parecer una pintura tradicional china con sus desfiladeros rocosos, campos de arroz y plantaciones de té, pero también se ha convertido en un modelo de renacimiento rural. La arquitecta de Pekín Xu Tiantian, de la oficina DnA_Design and Architecture, ha pasado años recorriendo los pueblos de Songyang, dialogando con las autoridades del condado y los/las residentes locales, para formular lo que ella llama “acupunturas arquitectónicas”.







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