
Cuando se describe el movimiento modernista en su totalidad, se suele hacer referencia a los rascacielos de acero y vidrio que perfilan el horizonte de muchas de nuestras ciudades o, más específicamente, al Estilo Internacional que surgió en Europa tras la Primera Guerra Mundial. El Estilo Internacional representó el progreso tecnológico e industrial, así como un renacimiento de constructos sociales que influirían para siempre en la manera en que concebimos el uso del espacio en todas las escalas. Diseñados a menudo como edificios con una fuerte carga política que buscaban confrontar a los gobiernos totalitarios, muchas de las figuras de la arquitectura que influyeron en este estilo se trasladaron a los Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial, allanando el camino para la construcción de algunos de los rascacielos y edificios más emblemáticos del siglo XX.















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