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Arquitectos: Mareines Arquitetura
- Área: 1350 m²
- Año: 2024
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Proveedores: Legnox , Olaria Barduchi


En 1961, al concebir la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, en São Paulo, Vilanova Artigas y Carlos Cascaldi establecieron un paradigma que sigue resonando en la arquitectura universitaria brasileña: el edificio como un territorio continuo, articulado por rampas, patios y vanos libres, donde la experiencia del aprendizaje se extiende más allá del salón de clases. Esta idea surgió en un momento de transformación de la educación superior en Brasil, la cual, durante las décadas siguientes, pasaría de atender a un público relativamente restringido a llegar a una población mucho más amplia y diversa. Mientras que en 1960 Brasil contaba con aproximadamente 226,218 matrículas de grado, para 2023 esa cifra ya rozaba los 10 millones.


En todo Brasil, la arquitectura sigue cobrando forma a través de diferentes tipos de práctica, escalas y relaciones con el lugar. La selección de este mes analiza oficinas que trabajan más allá de los límites arquitectónicos convencionales, enfoques colectivos que reconectan el diseño y la construcción, y proyectos que responden al paisaje, la memoria y la comunidad. Junto con edificios y espacios públicos de reciente construcción, las nuevas intervenciones culturales en São Paulo y Río de Janeiro destacan aún más cómo la arquitectura se cruza con el arte, el patrimonio y el entorno urbano en general.

Filippo Brunelleschi y la cúpula de Santa Maria del Fiore, terminada en 1436 en la ciudad italiana de Florencia, representan un capítulo importante en la historia de la arquitectura, a menudo asociado con el distanciamiento progresivo entre el dibujo y la construcción. Esta separación, consolidada gradualmente con el paso del tiempo, encuentra un punto de inflexión decisivo en el Renacimiento. El dibujo se convierte en un instrumento para anticipar y afirmar la autoridad sobre la construcción. La obra de construcción, que alguna vez fue un espacio de invención y toma de decisiones, pasó a entenderse principalmente como un lugar de ejecución.
Durante los siglos siguientes, esta distancia se volvió cada vez más pronunciada, particularmente con la construcción moderna. La industrialización, la especialización técnica y la organización corporativa fragmentan el proceso constructivo en etapas cada vez más diferenciadas. Quienes diseñan rara vez construyen; quienes construyen no siempre participan en la toma de decisiones; y quienes financian, gestionan y habitan ocupan posiciones aún más distanciadas entre sí. Si bien la eficiencia de este modelo permitió construir a escala, también concentró el conocimiento y el poder de decisión en manos de unos pocos actores.





En una era en la que la fabricación digital y la automatización están cada vez más presentes en la práctica arquitectônica, el oficio manual suele ser visto como um artículo de lujo — restringido a proyectos de alta gama, cuyos clientes pueden costear plazos prolongados y procesos colaborativos que exigen diálogos constantes con artesanos/as. Este escenario habría parecido contradictorio hace algunas décadas, cuando Lina Bo Bardi denunciaba que estava en marcha un proceso de "desculturación" y que resultaba urgente hacer un balance de la civilización brasileña "popular" para hacer frente a los universalismos totalizadores y al folklore — este último visto por ella como un instrumento de alienación estatal para neutralizar el caráter subversivo y transformador de la cultura popular:






