La madera y la arquitectura costera siempre han ido de la mano. Se trata de uno de los materiales más característicos de las estructuras en la costa. Sin embargo, lograr esa estética en un entorno donde el clima es una constante exige mucho más de la madera que se elija.
La lluvia no es exclusiva de las zonas costeras. Lo que diferencia a la costa es la combinación y la frecuencia de la exposición. La humedad, los vientos marinos, el aire salino, el sol directo y las tormentas frecuentes someten constantemente a la madera a ciclos repetitivos de humedad y sequedad. En muchas regiones costeras, estos no son fenómenos meteorológicos ocasionales, sino que forman parte del clima cotidiano. Por lo tanto, al seleccionar madera para la construcción costera, dos características resultan especialmente críticas: la durabilidad y la estabilidad dimensional.
Los muelles y puertos de embarcaciones son espacios liminales donde la orilla marca el encuentro entre la tierra y el agua, sirviendo como un espacio para la convergencia de la cultura, la industria y la comunidad. Para quienes trabajan en el mar, desde pescadores/as comerciales hasta operadores/as de carga marítima, el muelle es un umbral entre el trabajo y el descanso, entre la incertidumbre oceánica y la estabilidad terrestre. Para otras personas, el muelle funciona como una puerta de entrada a la recreación, el deporte y la aventura, albergando desde clubes de remo hasta viajes familiares en velero. Y para quienes nunca suben a bordo de una embarcación, el muelle ofrece una poderosa conexión con el entorno marino, un lugar donde detenerse, observar e interactuar con el ritmo de las mareas.
Ningún edificio existe de forma aislada. Al interactuar con redes ambientales y culturales, la arquitectura es un arte inherentemente arraigado al territorio. En este sentido, los límites, las limitaciones y las restricciones impulsan el proceso de diseño, generando soluciones que celebran el mundo tal como lo encontramos. Como reflejo de esta dinámica, los proyectos de renovación y reutilización adaptativa abordan problemas complejos y preexistencias. Esto es particularmente evidente al intervenir edificios industriales, espacios donde confluyen la maquinaria, la manufactura y la energía.
Las piscinas de diseño aportan estatus a las viviendas de lujo y a los espacios de hospitalidad de cinco estrellas. Sin embargo, incorporar a una residencia los beneficios refrescantes, calmantes, energizantes y ambientales de un cuerpo de agua hiperlocal puede superar con creces el costo de instalación. Por otra parte, gracias a la variedad de opciones de paisajismo a corto y largo plazo, el lujo está al alcance de cualquier presupuesto.
La mayoría de las piscinas se construyen bajo el nivel del suelo para mantener las vistas despejadas en la superficie. Aunque todas las piscinas enterradas comienzan de la misma manera —con la excavación y la posterior conexión de las instalaciones hidráulicas y de filtración—, la diferencia principal radica en la construcción del vaso de la piscina. El método más sencillo y rápido consiste en colocar una piscina prefabricada de plástico reforzado o un vaso de concreto prefabricado en la cavidad, para luego conectar las tuberías y rellenar el espacio restante con arena. No obstante, esto solo es adecuado para modelos estandarizados de geometrías simples. Con el fin de aprovechar al máximo el espacio disponible, las formas de piscinas personalizadas y a medida se logran mejor vertiendo o proyectando concreto sobre una estructura de barras de refuerzo o de madera.