
A diferencia de los edificios, que están anclados a sus cimientos y responden al clima desde una posición fija, los yates están diseñados para el movimiento y el cambio constantes. Los interiores se mecen con la embarcación, la luz cambia minuto a minuto, la humedad es una condición de diseño permanente y cada kilogramo influye en el rendimiento. Diseñar para el mar exige, por lo tanto, que quienes se dedican a la arquitectura, la arquitectura naval, la ingeniería y el diseño de interiores resuelvan interrogantes que rara vez surgen en tierra firme: ¿cómo lograr que el espacio mantenga la calma mientras todo a su alrededor está en movimiento?


