El rápido crecimiento urbano de México en las últimas décadas ha dejado a muchas ciudades lidiando con barrios fragmentados, altos índices de delincuencia y una grave escasez de espacios públicos de calidad. En muchas zonas urbanas de bajos ingresos, el desarrollo informal se produjo junto a infraestructuras expuestas como canales de drenaje, líneas de ferrocarril y barrancas pronunciadas, dividiendo a las comunidades y creando zonas vacías y peligrosas. Para hacer frente a esta segregación espacial y a la falta de equipamiento cívico, organismos públicos y profesionales de la arquitectura en todo México están interviniendo estas zonas de amortiguamiento abandonadas para construir parques públicos. Al transformar antiguas barreras físicas en corredores peatonales accesibles, estos proyectos vuelven a unir vecindarios separados, restablecen líneas de visión seguras y ofrecen espacios para el encuentro comunitario y la recreación diaria.
El gobierno local de Nueva York es uno de los más grandes de su tipo, con cientos de agencias municipales y oficinas de elección popular. El alcalde o la alcaldesa, las agencias de la ciudad, el concejo municipal, la contraloría, la defensoría del pueblo, las presidencias de distrito y las juntas comunitarias se organizan para ofrecer servicios y mejorar la calidad de vida en la ciudad más grande de los Estados Unidos, que también es uno de los principales destinos turísticos del mundo. Al igual que en otras metrópolis globales, quienes desarrollan el entorno urbano y las autoridades de Nueva York enfrentan desafíos comunes: los efectos atmosféricos y las consecuencias permanentes de la crisis climática, la saturación de los sistemas de transporte, la escasez de unidades habitacionales y las barreras para acceder a una vivienda adecuada. Durante el mes de junio, los anuncios de la alcaldía de Nueva York abordaron el tráfico y la movilidad, los eventos deportivos, la inmigración y el calor extremo. Asimismo, en los últimos meses se ha anunciado una serie de políticas destinadas a mitigar una problemática mayor: asegurar el acceso a la vivienda para un mayor número de personas a través de la acción gubernamental.
El 4 de marzo de 2026 se inauguró un pabellón elipsoidal con cúpula para la producción de hongos, diseñado por OMA para la Fundación Casa Wabi. El edificio se ubica dentro del terreno de 25 hectáreas de Casa Wabi en Oaxaca, México, en la costa del Pacífico, a unos 30 minutos de la ciudad de Puerto Escondido. Casa Wabi es una fundación creada por el artista Bosco Sodi que promueve el intercambio de ideas entre artistas de diversas disciplinas y las comunidades locales. El edificio principal de la fundación fue diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando y se completó en 2014. El pabellón diseñado por OMA incorpora un nuevo espacio para el cultivo de hongos y el fomento del intercambio entre gastronomía, arte, naturaleza y las comunidades locales a las instalaciones de la fundación, las cuales incluyen una palapa de usos múltiples, seis dormitorios, dos estudios cerrados, seis estudios abiertos, una sala de proyección y auditorio, una sala de exposiciones de 450 m² y diversos espacios de trabajo.
Esta semana ha estado marcada por la destrucción deliberada, desenfrenada e injusta de la guerra en el sudeste de Asia. Como una de las manifestaciones más perjudiciales del abuso de poder humano, hemos sido testigos de la destrucción de lugares que albergan memorias y sostienen la cultura, así como de la pérdida y el daño irreparable a las vidas humanas que les otorgan su identidad. Con la expectativa de ofrecer escenarios más prometedores y constructivos en el futuro, presentamos, en contraste con esta realidad, un panorama de avances en la brecha de género que caracteriza a la arquitectura y sus caminos a seguir, un conjunto de proyectos emblemáticos de interés público y comunitario que avanzan desde Turquía hasta México, y tres importantes proyectos de infraestructura de transporte multimodal que mejoran la forma en que circulamos e habitamos el espacio público en Europa y Estados Unidos.
En la historia de la arquitectura del territorio mexicano, el entorno construido ha funcionado no solo como un escenario humano, sino como una infraestructura biológica diseñada para organizar la proximidad entre especies. La lógica espacial resultante no es una representación individual, sino una coexistencia negociada entre cuerpos humanos y animales. Examinar este patrimonio hoy en día implica desplazar el foco analítico de la autoría estilística hacia un fenómeno más fundamental: la persistencia de prácticas espaciales que surgieron para sostener formas de vida compartidas.
Muchas de las características arquitectónicas que hoy se interpretan como rasgos culturales o estéticos —umbrales de gran tamaño, patios amplios y superficies duraderas— pueden entenderse, en cambio, como huellas materiales de un contrato entre especies. Durante siglos, los caballos, las mulas y el ganado no fueron ajenos a la arquitectura, sino habitantes esenciales cuya presencia física definió la escala, la circulación y la selección de materiales. Sus cuerpos dejaron huellas mensurables en el espacio, desde la altura de los accesos que daban paso a jinetes montados hasta los sistemas de pavimentación diseñados para resistir los cascos, la fricción y el desgaste biológico. En ningún lugar fue más visible este contrato que en la planta baja de la casa colonial.
El Shou Sugi Ban es una técnica tradicional japonesa de preservación de la madera que consiste en carbonizar su superficie para crear una capa protectora. Si bien sus orígenes están arraigados en la durabilidad práctica, el método se ha adaptado ampliamente al entorno construido contemporáneo, configurando una estética única y distintiva. Se trata de un material contradictorio: resulta audaz en su lenguaje visual debido a sus tonos oscuros y, al mismo tiempo, se nutre de su entorno natural y lo complementa, lo que permite que las viviendas se implanten con discreción en sus respectivos terrenos.
El acabado carbonizado de las 22 residencias presentadas aquí, distribuidas en Canadá y Estados Unidos, sirve como hilo conductor para hacer frente a climas extremos. Desde frentes lacustres húmedos hasta bosques densos, esta piel carbonizada actúa como un escudo resistente ante diversas condiciones climáticas. Más allá de la mera protección, estas casas demuestran cómo la textura del material cambia con la exposición a la luz, transformándose de un tono mate opaco en la sombra a una superficie brillante con destellos plateados bajo el sol directo. Estos proyectos también ponen de manifiesto la capacidad de esta técnica para definir volúmenes arquitectónicos, utilizando el revestimiento oscuro para crear siluetas nítidas y monolíticas, o para resaltar los vacíos en la masa del edificio, como accesos rehundidos y terrazas protegidas.
En la arquitectura de interiores contemporánea, las instalaciones de servicios —mecánicas, eléctricas, de climatización y plomería— casi siempre se tratan como elementos que deben ocultarse. Muros engrosados, extensos cielos rasos suspendidos y, en regiones donde prevalece la construcción maciza de ladrillo u hormigón, tabiques falsos se emplean habitualmente para ocultar estos sistemas. Este enfoque se ha normalizado tanto que a menudo constituye la premisa de partida de la planificación espacial, lo que limita de forma intrínseca la imaginación y reduce el abanico de posibilidades espaciales. La prioridad se desplaza hacia el ocultamiento, en lugar de explorar cómo estos sistemas podrían coexistir de manera visible dentro de un lenguaje de diseño.
La arquitectura de mercados contemporánea en México suele inspirarse en sus precedentes prehispánicos. El mercado de Tlatelolco en la antigua Tenochtitlan, por ejemplo, contaba con una gran plaza abierta pavimentada con piedra y "calles" delimitadas, las cuales se dividían en secciones para mercancías específicas, funcionando como un importante punto de encuentro para el intercambio social y económico. Asimismo, la tradición del tianguis, una tipología de mercado efímero dentro de la tradición mesoamericana en general, también organizaba sus puestos en pasillos dentro de una plaza pública, reflejando los principios de organización observados en Tlatelolco. Estos modelos históricos sentaron las bases para la tradición de los mercados en México y los países de Centroamérica, donde fusionan el espacio público con distribuciones estructuradas para el comercio. Hoy en día, aun cuando muchos de los espacios comerciales de México —en particular la Central de Abasto de la Ciudad de México y otros mercados como el de Jamaica, la Merced y San Juan— han adoptado un enfoque sedentario o permanente para abastecer a sus comunidades, los tianguis mantienen un arraigo profundo en la sociedad mexicana.