Los patios han sido durante mucho tiempo un aspecto fundamental de la arquitectura china tradicional, ya que funcionan como espacios centrales en torno a los cuales se organiza la vida doméstica. Estos espacios desempeñan un papel fundamental en la creación de un entorno residencial armonioso, ofreciendo beneficios que van desde la regulación de la temperatura interior hasta la mejora de las interacciones sociales y el fomento de una estrecha conexión con la naturaleza.
Tras un viaje de siete horas en automóvil hacia el suroeste desde Shanghái, se llega al condado de Songyang. El nombre es desconocido para gran parte de la población china, y resulta aún más ajeno en el extranjero. El condado se compone de unas 400 aldeas, desde Shicang hasta Damushan.
Aquí, onduladas y exuberantes terrazas verdes abrazan las laderas del valle del río Songyin, el cual conforma un sinuoso movimiento que unifica las tierras. Al seguir el río, se puede observar: aquí, una Fábrica de Azúcar Moreno; allá, un Teatro de Bambú; y al otro lado, un Museo Hakka de piedra, construido recientemente pero con métodos tan antiguos que incluso los/las albañiles locales tuvieron que aprender estas técnicas por primera vez, como si fuesen métodos modernos, como si fuesen revolucionarios.
Y tal vez lo sean. El condado de Songyang, también conocido como la “Última tierra oculta de Jiangnan,” puede parecer una pintura tradicional china con sus desfiladeros rocosos, campos de arroz y plantaciones de té, pero también se ha convertido en un modelo de renacimiento rural. La arquitecta de Pekín Xu Tiantian, de la oficina DnA_Design and Architecture, ha pasado años recorriendo los pueblos de Songyang, dialogando con las autoridades del condado y los/las residentes locales, para formular lo que ella llama “acupunturas arquitectónicas”.
Los sitios patrimoniales constituyen complejos archivos espaciales en los que convergen la arquitectura, la historia y la memoria colectiva. Abarcan un amplio espectro de contextos: desde restos arqueológicos, paisajes urbanos antiguos e históricos y paisajes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta estructuras cívicas de principios de la era moderna e infraestructuras industriales. Sin embargo, estos entornos se enfrentan a diversos desafíos: el cambio climático, la transformación urbana, los desastres, las cambiantes necesidades sociales y la erosión gradual de su tejido material. Los proyectos de revitalización y restauración responden a estas condiciones al posicionar la práctica arquitectónica y espacial como un mediador activo entre la preservación y las topologías contemporáneas.