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Arquitectos: 3XN, B+H Architects, ZHUBO DESIGN
- Área: 105300 m²
- Año: 2022


Si bien la ciudad de Berlín tiene una larga historia que se remonta al siglo XIII, su arquitectura y su tejido urbano experimentaron las transformaciones más significativas durante el último siglo, reflejando el impacto de los grandes acontecimientos históricos que tuvieron lugar en la capital alemana. A principios del siglo XX, Berlín se transformó en una metrópolis moderna, lo que se vio plasmado en la construcción de grandes edificios e imponentes estructuras destinadas a demostrar el creciente poder económico y político de la ciudad. Las décadas de 1920 y 1930 vieron surgir el movimiento modernista que, junto con la escuela de arquitectura Bauhaus fundada en 1919, influyó profundamente en la imagen y la configuración urbana de Berlín.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la ciudad sufrió intensos bombardeos que destruyeron numerosos edificios históricos. En la posguerra, los esfuerzos de reconstrucción se centraron en restablecer la infraestructura y la vivienda, mientras la ciudad permaneció dividida hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. Tras este período, Berlín experimentó un renovado interés por la arquitectura y el diseño urbano. Intervenciones como el Neues Museum de David Chipperfield buscaron reconstruir monumentos históricos sin borrar las huellas de su difícil pasado. Otros proyectos, como la renovación del Reichstag, tuvieron un propósito diferente: la intervención de Norman Foster se propuso mantener la imagen del edificio pero cambiar su simbolismo, transformando una estructura representativa del régimen nazi en un espacio que acoge los ideales de democracia e igualdad.




Schmidt Hammer Lassen Architects y Architectus han anunciado la apertura de Tūranga, la nueva biblioteca central de Christchurch, Nueva Zelanda. Construida para responder a los terremotos que afectaron a Christchurch en 2010 y 2011, la biblioteca es uno de los primeros edificios públicos en abrir en el centro de la ciudad tras los desastres. En un trabajo conjunto con Architectus y la comunidad indígena maorí de la Isla Sur de Nueva Zelanda, el diseño se concibió para celebrar el renacimiento de Christchurch.

En 1743, se instaló en un patio del Palacio de Versalles una pequeña cabina suspendida por cuerdas para el uso privado del rey Luis XV. Operada manualmente por sirvientes ocultos a la vista, la llamada "silla voladora" permitía el desplazamiento entre pisos sin necesidad de escaleras y, sin saberlo, planteó una de las preguntas fundamentales de la arquitectura moderna: cómo trasladar a las personas verticalmente de manera eficiente, segura e integrada al edificio.
La mecanización de este principio, con la introducción del ascensor de seguridad a principios de la década de 1850, allanó el camino para una transformación urbana sin precedentes. Sin el ascensor, los rascacielos de Chicago y Nueva York de la década de 1880 habrían sido inviables, no por limitaciones estructurales, sino por cuestiones de acceso. El ascensor no solo hizo posible construir a mayor altura, sino que también definió la lógica operativa de estos edificios: dónde se ubicarían sus núcleos, cómo se organizarían sus vestíbulos y quién podría acceder a qué espacios.


Desde proyectos e instituciones que refuerzan la relación entre el arte y la arquitectura hasta iniciativas que buscan nuevos enfoques para desafíos urbanos y ecológicos persistentes, los acontecimientos de esta semana reflejan un esfuerzo más amplio por reconsiderar los marcos establecidos y expandir el papel del diseño en la sociedad contemporánea. Ya sea a través de la reutilización adaptativa, la innovación en políticas públicas, la experimentación artística o la investigación crítica, los/las arquitectos/as y las organizaciones culturales exploran cómo transformar los sistemas existentes para responder a las realidades emergentes. Estas interrogantes resuenan en nuevos proyectos arquitectónicos que traducen las condiciones ambientales y las aspiraciones cívicas en formas construidas. En Chicago, la finalización del Obama Presidential Center posiciona a la arquitectura como un vehículo para la memoria pública, mientras que en Albania, OODA’s Lighthouse reinterprets local landscapes and traditions through a tower overlooking the Adriatic coast. Por su parte, la propuesta del centro de visitantes AlUla Manara de Heatherwick Studio responde a las condiciones del paisaje desértico de Arabia Saudita, combinando la investigación científica y el turismo en un destino dedicado a la observación del cielo nocturno.

¿Qué sucede cuando se elige la reutilización en lugar de la demolición? En Østbirk, Dinamarca, un almacén de madera de 30 años de antigüedad se ha transformado en un centro de innovación de clase mundial de 14.000 metros cuadrados para casi 500 empleados/as de VELUX. Este artículo analiza cómo el proyecto LKR Innovation House desafía las prácticas de construcción convencionales, preserva el legado material y ofrece lecciones prácticas para los/las arquitectos/as que trabajan con estructuras existentes. Un nuevo libro documenta el proceso a través de ensayos, entrevistas y fotografías.



Los espacios de ocio suelen ser el punto de encuentro donde se cruzan distintas generaciones. Sin programas formales ni roles asignados, permiten a las personas desplazarse, detenerse y permanecer juntas, habitando el espacio cada una a su manera. En un entorno construido cada vez más marcado por la especialización y la segregación, estos ámbitos espaciales compartidos son cada vez menos comunes, lo que otorga a la arquitectura orientada al ocio una relevancia renovada.
Los debates en torno al espacio público han señalado reiteradamente el valor de la apertura y la flexibilidad para sostener la vida colectiva. Al reflexionar sobre cómo las personas leen, habitan y adaptan el espacio, el arquitecto Herman Hertzberger habla de la arquitectura no como un conjunto de instrucciones, sino como un marco de posibilidades: una estructura que invita a la interpretación en lugar de prescribir el comportamiento. Según sus propias palabras, "lo que deberíamos producir en arquitectura es algo parecido a la competencia, a la posibilidad; algo que la gente pueda manejar libremente a su manera". En lugar de intentar forzar la interacción, la arquitectura configura las condiciones que hacen posible el encuentro.



Los faros se han erigido durante siglos en los márgenes de continentes e islas como puntos de luz en vastos territorios marítimos. Surgiendo en soledad de acantilados rocosos, arrecifes y promontorios, estas torres fueron herramientas de navegación e instrumentos de claridad espacial, modelando las costas y marcando el límite entre la tierra y el mar. Construidos para guiar, advertir y localizar, constituyeron una red global de visibilidad mucho antes del advenimiento de la cartografía digital. Sin embargo, a medida que evolucionaron las tecnologías marítimas, muchas de estas estructuras perdieron su propósito original. La tipología, en su momento esencial, se encuentra hoy al borde de la obsolescencia. Lo que queda no es una mera reliquia arquitectónica, sino una potente forma espacial: resiliente, simbólica y cada vez más abierta a la reinterpretación.

¿Qué pueden enseñarnos los edificios existentes sobre cómo construir para el futuro? En una época de recursos cada vez más escasos, se convoca cada vez más a los/las arquitectos/as a entablar un diálogo con el lugar, su historia y el potencial sin explotar de lo que ya está en pie. En lugar de recurrir sistemáticamente a la demolición y la obra nueva, el futuro de la arquitectura podría residir en descubrir las posibilidades de innovación dentro de estructuras que ya han superado la prueba del tiempo.