Un título en arquitectura proporciona los cimientos de la disciplina; sin embargo, la transición hacia el ejercicio profesional suele ir mucho más allá de las aulas. Ganar experiencia, desarrollar un portafolio y desenvolverse en la realidad de los despachos de arquitectura son desafíos a los que se enfrentan quienes egresan de la carrera en sus primeros años de práctica.
Regenerative Salt Landscapes, propuesta ganadora de los ArchDaily Student Project Awards 2026. Imagen vía ArchDaily Student Project Awards
Sobre el papel, participar en un concurso de arquitectura es una de las tareas más desafiantes que un/a estudiante de arquitectura puede emprender. Lo que atrae a los y las estudiantes hacia ellos es la oportunidad de experimentar, abordando un programa vagamente definido que deja margen para poner a prueba ideas poco convencionales y herramientas desconocidas fuera del ritmo del semestre. Esa distancia respecto a la evaluación académica es un desarrollo relativamente reciente, ya que en su momento los concursos fueron fundamentales para la educación arquitectónica.
En la École des Beaux-Arts, la enseñanza se dividía entre el taller (*atelier*), donde los y las estudiantes desarrollaban proyectos bajo la dirección de un/a arquitecto/a en ejercicio, y el concurso, donde un jurado de profesores evaluaba el trabajo de los alumnos sin haber seguido su desarrollo. Más tarde, instructores formados en Francia llevaron este modelo a escuelas como el MIT, Penn, y Cornell. Con el tiempo, la mayoría de las escuelas conservaron el taller —que se convirtió en el taller de diseño— y relegaron los concursos a los márgenes del plan de estudios.
Breidablikk Gården / Asplan Viak y revestimiento de fachada de SolarLab. Imagen cortesía de SolarLab
Los paneles solares suelen tratarse como un equipamiento añadido a un edificio. ¿Qué ocurre cuando pasan a formar parte de la propia arquitectura? Una vez integrada en la envolvente, la tecnología fotovoltaica puede generar energía y, al mismo tiempo, influir en la forma, la construcción y el comportamiento ambiental del edificio.
Las cubiertas suelen ser la ubicación más evidente para los paneles fotovoltaicos; sin embargo, otras partes del edificio pueden generar energía mientras cumplen funciones arquitectónicas adicionales. Las fachadas pueden proporcionar sombreado, las lamas pueden controlar la luz solar y las fachadas ventiladas pueden combinar la protección contra la intemperie con la generación de energía. Por lo tanto, su orientación, posición e integración en la envolvente del edificio pasan a formar parte del diseño arquitectónico en lugar de ser una decisión técnica independiente.
La sección Foco en Brasil de este mes analiza cómo la arquitectura y el desarrollo urbano se cruzan con cuestiones de vivienda, educación, espacio público y movilidad en todo el país. La selección de este mes incluye un asentamiento indígena en Maricá reconocido por ONU-Hábitat por su enfoque de vivienda adecuada; editoriales que examinan los campus universitarios y las ciudades planificadas como marcos para la vida colectiva; y proyectos que van desde la ampliación de un aeropuerto con estructura de madera hasta un edificio comercial que dialoga con el espacio público de São Paulo y una residencia moldeada por su paisaje. También destacan la propuesta ganadora para la nueva sede de Itaú Cultural en la Avenida Paulista, el reconocimiento internacional de dos proyectos brasileños de arquitectura de paisaje y un diagnóstico nacional que evidencia las brechas persistentes en infraestructura peatonal y seguridad vial.
El 11 de octubre de 2026, Donald Insall Associates anunció el fallecimiento de su fundador, Sir Donald Insall. Al describirlo como "un hombre de gran tacto, encanto y humor", la firma reconoció su contribución a las estructuras, instituciones y herramientas de preservación del patrimonio en Inglaterra, así como su conocimiento práctico y aplicación de las técnicas de restauración. Como arquitecto, conservacionista, consultor de planificación, autor y docente, dirigió durante cuatro décadas una de las oficinas de conservación líderes en Gran Bretaña tras fundarla en 1958. Su estudio llevó a cabo la renovación de Kelmscott Manor (de William Morris) en Oxfordshire y Kedleston Hall (de Robert Adam) en Derbyshire, la conservación del centro histórico de Chester y la restauración del Castillo de Windsor tras el incendio de 1992, entre otros hitos británicos.
Utilizar contenedores de carga como base estructural —práctica conocida también como "cargotectura"— parece un enfoque constructivo sencillo. Quizás de manera engañosa. Si bien es cierto que los contenedores representan un material de construcción rápido, rentable y que a menudo requiere poco esfuerzo, además de ser duraderos y personalizables, su conversión también plantea importantes desafíos. Sin una planificación minuciosa, el proceso de obra puede volverse tortuoso y los resultados, decepcionantes.
Para determinar si los contenedores son la opción adecuada para un proyecto de construcción, resulta fundamental ir más allá de su atractivo industrial y analizar las realidades y limitaciones de estas cajas de acero como material de construcción.
Si se camina a lo largo de un río en casi cualquier ciudad de América Latina, se encontrarán tramos rectificados, revestidos de concreto, sepultados bajo vialidades o relegados detrás de zonas industriales y barrios residenciales. A lo largo del siglo XX, la expansión urbana ocupó paulatinamente las riberas y las antiguas llanuras aluviales, mientras que los cursos de agua fueron desviados o confinados en infraestructuras diseñadas para controlarlos. Sin embargo, el agua siguió reclamando su espacio. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, las inundaciones han sido durante décadas el desastre natural más frecuente en América Latina y el Caribe.
Algunas ciudades han comenzado a replantearse la relación con estos bordes urbanos. En Chile, México y Brasil, se están desarrollando parques en cauces de ríos, canales de drenaje y otras áreas expuestas a inundaciones. Estos espacios albergan el agua durante las lluvias intensas, al tiempo que ofrecen zonas de recreación, tránsito y encuentro durante gran parte del año. Asimismo, su diseño transforma la forma en que los vecindarios colindantes acceden a territorios antes vinculados con inundaciones, contaminación o un uso público limitado.