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En la instalación The Desert Island, en la playa de Cottesloe, Australia, un muro de espejos de 72 metros divide una sección de la arena para crear una cala propia. Orientado hacia el océano Índico, el reflejo curvo de la arena que se fusiona con las aguas azul claro y el horizonte lejano genera la ilusión de un espacio cerrado: una isla desierta flotando en un mar infinito.
Concebida por el estudio danés de arquitectura Gjøde & Partnere Arkitekter, la instalación formó parte de la exposición anual Sculpture by the Sea en Australia el mes pasado. Se trata de la exposición pública y gratuita de escultura más grande del mundo, en la que cualquier persona puede presentar sus propuestas. A medida que quienes visitaban la playa se encontraban con este panorama sobre la arena, bailaban, se tomaban fotos y contemplaban el atardecer a través de los reflejos ondulantes de esta mítica isla.
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