
El actual verano en el Hemisfério Norte ha sido tan cálido —con las temperaturas alcanzando récords —incluso en el mar—, que los debates ya giran en torno a los límites de la supervivencia humana. Incluso en la Antártida, el hielo marino no ha logrado reconstituirse, lo que representa una desviación drástica respecto a los patrones normales del invierno. No es solo una impresión que los eventos de calor extremo ocurran cada vez más. Como resultado del cambio climático, el número de estos fenómenos ha aumentado y se prevé que empeore.
De hecho, en la mayoría de los años, el calor es el fenómeno más letal; causa la muerte de un promedio de 490,000 personas en el mundo y provoca graves problemas de salud a muchas otras. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, se estima que las muertes a causa del calor aumentarán un 50% para el año 2050. Sin embargo, este impacto no se distribuye de manera equitativa, ni a nivel global ni dentro de las comunidades: las poblaciones que ya viven en condiciones de mayor vulnerabilidad son las que enfrentan los mayores riesgos.





























