¿Qué hace que valga la pena preservar un edificio? La antigüedad es la respuesta más común, pero no siempre la mejor. Un edificio de las décadas de 1950 o 1970 puede tener tanta relevancia histórica como una catedral medieval; simplemente exige un marco de referencia diferente, uno que valore el contexto político, el significado cultural y la innovación arquitectónica por encima del mero paso del tiempo. Esto es especialmente cierto en el caso de la arquitectura moderna en el llamado Sur Global, donde el movimiento adoptó formas de expresión únicas.
Una fachada de ladrillo hace mucho más que definir el exterior de una vivienda. Al diseñarse como una pantalla porosa, se convierte en un elemento intermediario entre el interior y el exterior, modelando la atmósfera y las condiciones ambientales de los espacios que resguarda. En la arquitectura residencial india contemporánea, el jali de ladrillo —una pantalla de ladrillo perforada o de celosía— se ha reinterpretado con una sensibilidad contemporánea, nutriéndose de elementos arquitectónicos vernáculos.
ArchDaily se enorgullece en anunciar a las oficinas ganadoras de los Next Practices Awards 2026, un reconocimiento a 20 prácticas emergentes y de vanguardia que expanden las posibilidades de la arquitectura hoy en día.
Ahora es posible ingresar a una cueva de Maharashtra sin necesidad de viajar hasta allí. A través de una experiencia de realidad virtual desarrollada en torno a Ajanta, los/las visitantes pueden recorrer una versión reconstruida digitalmente de las cuevas desde cualquier otro lugar del mundo. El proyecto plantea una interrogante arquitectónica: si la arquitectura se experimenta a través del movimiento, la escala, la secuencia y la percepción, ¿qué sucede cuando estas vivencias pueden recrearse fuera del sitio físico? El proyecto Digital Ajanta de IITM Pravartak utiliza escaneo 3D, filmación, modelado y realidad virtual para documentar las cuevas y traducir ese registro en una experiencia inmersiva.
Bazar en Hyderabad, India. Foto de Kanishq Kancharla en Unsplash
Este artículo es parte de "Thresholds", un periódico impreso de edición especial de Cobe Notes x ArchDaily.
Por lo general, la arquitectura se representa como un objeto estable: un edificio capturado en un momento de claridad visual, aislado de las contingencias de su entorno. Los planos, secciones y fotografías prometen legibilidad al suspender el tiempo. Sin embargo, muchos de los entornos públicos más perdurables del mundo se resisten por completo a este modo de representación. No están diseñados para leerse de forma instantánea, ni revelan su lógica únicamente a través de la forma. Su inteligencia espacial emerge gradualmente, a través de la repetición, la ocupación y la duración.
En el corazón del distrito de Navrangpura, en Ahmedabad, India, se encuentra el Estadio Sardar Vallabhbhai Patel. Más que un simple campo de críquet, el estadio se erige como uno de los primeros experimentos de la India en arquitectura pública modernista. Construida en las décadas posteriores a la independencia del país, la estructura no solo se ha convertido en un hito de la ingeniería, sino también en un importante espacio público dentro del tejido urbano de Ahmedabad. A pesar de la trascendencia arquitectónica e histórica del edificio, así como de su profunda integración en la vida comunitaria diaria, la estructura ha sufrido un importante deterioro físico a raíz de décadas de mantenimiento deficiente y falta de financiamiento. Esta fragilidad es, precisamente, la razón por la que ha captado la atención internacional. En 2020, el World Monuments Fund (WMF) incluyó al Estadio Sardar Vallabhbhai Patel en el World Monuments Watch, una lista global que destaca los sitios de patrimonio cultural que enfrentan desafíos urgentes de conservación.
Nunca ha habido un momento de mayor celebración para el trabajo artesanal en la arquitectura. En revistas, premios y exposiciones internacionales, el ladrillo hecho a mano, el enlucido de cal, la piedra tallada, el bambú tejido y la tierra apisonada han resurgido como símbolos de responsabilidad ambiental, continuidad cultural y autenticidad arquitectónica. Más allá de estos proyectos minuciosamente documentados se esconde otra realidad. La gran mayoría de los edificios que se construyen hoy en día —desde bloques de departamentos y torres de oficinas hasta viviendas sociales y desarrollos comerciales— siguen dependiendo de sistemas industrializados que dejan poco espacio para las y los artesanos calificados. El oficio artesanal se ha vuelto cada vez más visible justo en el momento en que es más inusual. En países como la India, este contraste resulta imposible de ignorar. Tradiciones constructivas centenarias coexisten con una de las industrias de la construcción de más rápido crecimiento en el mundo. Para replantear la pregunta de por qué está resurgiendo el trabajo artesanal, tal vez el verdadero interrogante radica en por qué ahora aparece principalmente allí donde los presupuestos, los plazos de obra y la clientela pueden costeárselo.
Con frecuencia, las puertas corredizas se analizan desde la perspectiva de la eficiencia. Al eliminar el radio de giro de una puerta convencional, facilitan el funcionamiento de las habitaciones compactas y ayudan a que los departamentos pequeños ganen unos centímetros extra de espacio útil. Sin embargo, en muchos interiores, su función más interesante no se limita a la economía espacial. Los tabiques corredizos transforman la lectura de la propia habitación. Un dormitorio, un estudio, una habitación de invitados, un comedor o un espacio de trabajo pueden aparecer cuando se cierra un panel, desaparecer al abrirse y permanecer en la ambigüedad cuando el límite es translúcido o parcial.
En 1968, el diseñador de mobiliario y profesor del RCA David Pye publicó The Nature and Art of Workmanship, un libro estructurado en torno a la distinción entre el "oficio de riesgo" y el "oficio de certeza". Pye no escribía sobre arquitectura y, a pesar de cómo se suele emplear hoy en día este concepto, en realidad tampoco se refería a la dicotomía entre las manos y las máquinas. De hecho, señaló que una imprenta, aun siendo completamente mecánica, sigue dependiendo de que una persona evalúe la tinta y el registro, mientras que en el torneado manual de madera se puede seguir una plantilla con tanta precisión que prácticamente nada queda al azar.