
Allí donde ya no se puede depender de forma constante de los ríos, los embalses y las lluvias, el agua se busca cada vez más en la atmósfera. La niebla, la humedad atmosférica y la condensación ofrecen diferentes formas de captación. Cuando la arquitectura empieza a recolectar agua del aire, las superficies, las estructuras y los espacios abiertos pasan a formar parte del sistema hídrico.








