
Hace unas semanas, presentamos un panorama para alentar a nuestros lectores y lectoras a imaginar lo siguiente: si el próximo Pritzker fuera alguien que habla portugués, ¿por quién apostarías?

Hace unas semanas, presentamos un panorama para alentar a nuestros lectores y lectoras a imaginar lo siguiente: si el próximo Pritzker fuera alguien que habla portugués, ¿por quién apostarías?

Invitamos a un grupo de quince fotógrafas y fotógrafos de arquitectura a compartir sus playlists con nosotros y a ponerlas a disposición en el Spotify de ArchDaily Brasil.

Arquitecto portugués proveniente de una familia tradicional aristocrática, Fernando Távora tuvo una formación marcada por una gran transformación discursiva al entrar en contacto con la producción moderna. Él mismo decía que “entró a la facultad enamorado de la Venus de Milo y salió enamorado de Picasso”, lo que refleja la gran genialidad de su intelecto al reconocer en las iniciativas modernas un elemento con el cual debía establecerse un diálogo. En 1945 escribe por primera vez sobre la “tercera vía” para la arquitectura portuguesa, una contribución que tuvo repercusiones tanto en el ámbito didáctico —dentro de su experiencia estrechamente vinculada a la Escuela de Oporto— como en el práctico, al desplegarse en algunos de sus proyectos de forma directa y notable.

Los "Cinco puntos de la arquitectura" de Le Corbusier funcionaron en el siglo XX como la guía de referencia para la producción arquitectónica, siendo además una obra fundamental para comprender el legado de la arquitectura moderna. La ventana corrida, la fachada libre, los pilotis, la terraza jardín y, tal vez el punto más trascendental, la planta libre, conforman el manifiesto del arquitecto franco-suizo. En la práctica proyectual, este último punto implica distinguir entre la estructura y la envolvente, lo que permite la libre disposición de tabiques divisorios que ya no cumplen una función estructural.
Mientras que los proyectos residenciales se caracterizaban antes por una clara división de ambientes vinculada a las dinámicas domésticas, la vivienda —ahora tamizada por el discurso moderno— pasó a ser flexible y capaz de albergar nuevas articulaciones espaciales.
Para comprender mejor el espacio doméstico moderno, reunimos algunos de los ejemplos más emblemáticos de residencias y sus plantas.

A principios de este año se dio a conocer la lista completa de películas nominadas al Óscar 2018, seleccionadas por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, y las expectativas son cada vez más altas para saber cuáles serán elegidas como las mejores de esta edición.

La comprensión de la arquitectura como disciplina aborda, entre otras cosas, su lenguaje y representación como síntesis de una serie de diversos esfuerzos —cualidades constructivas, compositivas, espaciales y técnicas— que se articulan para culminar en la obra construida. Para ello, pensar en la representación gráfica que presuponen todos estos esfuerzos es esencial, ya que esta representa, simultáneamente, tanto el procedimiento como el producto del quehacer arquitectónico.

La exploración plástica de la arquitectura encuentra diversos espacios de experimentación posibles dentro de la práctica proyectual. Proponer formas, implantaciones y composiciones diversas es una estrategia que se potencia enormemente al aliarse con la investigación material en las obras. El vidrio es un material que permite abordar algunos de los componentes centrales del pensamiento arquitectónico, a saber: la iluminación natural, la transparencia y opacidad de las superficies, la disolución de los límites espaciales y las relaciones visuales que se establecen entre las distintas partes de un edificio.
Al distanciarse de su concepción inmediata de uso como ventana, el vidrio puede aportar estrategias para afrontar situaciones complejas de diseño, enriquecer la calidad espacial de un proyecto o, incluso, servir como un elemento de equilibrio entre las nociones de peso y ligereza a partir de su combinación con otros materiales como el acero, la madera y el concreto.
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En los últimos años, diversos movimientos tanto en Brasil como en otros países han prestado un gran servicio a la sociedad al reiterar la necesidad de ocupar los espacios públicos de las ciudades para reivindicar calidad y libertad de uso de los bienes colectivos. A modo de ejemplo, en Brasil destaca el Movimiento Ocupe Estelita en Recife que, a través de una lucha frente a la creciente especulación inmobiliaria en la región, confrontó las lógicas mercantilistas de un diseño urbano agresivo en las márgenes del Capibaribe. A partir de casos como este, en una entrevista con la organización Fora, el profesor, crítico y curador Guilherme Wisnik abordó la cuestión del espacio público como un espacio de conflicto.

"Lo más difícil en arquitectura es construir un edificio en el desierto. Es terrible, no hay referencias", comentó alguna vez el arquitecto Álvaro Siza. Aunque parezca contradictorio, la existencia de complejidades y limitaciones en el sitio donde se emplaza una obra es, en muchos casos, el punto de partida sobre el cual se apoyan y sustentan las ideas de los arquitectos y arquitectas a la hora de diseñar. Pensar en cómo sortear declives intensos, trabajar junto a preexistencias significativas o masas vegetales endémicas puede parecer, en un principio, un impedimento que limita el libre flujo creativo, pero en muchos casos es precisamente esta confrontación la que ofrece referencias para que los proyectos sean únicos y dialoguen con el sitio en el que se emplazan.

A partir del siglo XIX, con su revolución industrial y el surgimiento de los nuevos tiempos de la máquina, el crecimiento de la población y las demandas del espacio urbano fueron cada vez más apremiantes. En Europa, surgen las primeras reflexiones sobre la ciudad moderna y, más que eso, se inicia el proceso de estructuración disciplinar del urbanismo como teoría y práctica inherente al nuevo momento histórico que se consolidaba. Dentro de esta lógica disciplinaria que se configuró a partir de una demanda social, o muchas veces, una demanda política, el siglo XX fue el escenario de todo el desarrollo de esta sociedad industrial que tenía como uno de sus ejes principales a la ciudad.

En proyectos residenciales, los elementos de confort ambiental son fundamentales para la concepción de propuestas que establezcan un sentido de calidez, acogida y pertenencia en un lugar protegido y seguro. La iluminación es, tal vez, el aspecto más importante en la conformación de este conjunto, ya que es capaz de señalar usos específicos en los ambientes interiores y exteriores de las viviendas, establecer funciones de uso práctico o de relajación, y destacar elementos arquitectónicos que aportan un gran valor a las obras.

Los proyectos residenciales de casas pueden ser campos de experimentación de formas, materiales, técnicas constructivas u organizaciones espaciales. Uno de estos recursos es la doble altura; es decir, situaciones en las que la distancia libre entre el piso y el techo equivale aproximadamente al doble de una altura estándar (considerada entre 2,50 y 2,70 m). Los grandes espacios resultantes de esta condición son un escenario ideal para aprovechar las entradas de luz y ventilación naturales, además de establecer relaciones verticales más interesantes.

Mantener los materiales en su forma natural y aparentes en los proyectos parece ser una estrategia cada vez más difundida en la práctica de la arquitectura contemporánea. Heredada de las formulaciones modernas, la idea de mantener a la vista los elementos que constituyen las construcciones, además de establecer una relación franca entre el/la usuario/a y el espacio construido, diversifica la paleta material de las obras y puede ser una herramienta muy importante al momento de pensar las composiciones de interiores. El ladrillo es quizás el material más aplicado en este contexto: hoy en día se habla de "revestimiento" de ladrillo visto, lo que lleva la noción de la exposición de los materiales a otro nivel, el del ornamento, siendo reproducido incluso como papel tapiz o piezas exclusivamente de acabado.

Una de las constantes al diseñar residencias es la reflexión sobre cómo establecer divisiones entre ambientes, o delimitar sectores a partir de los usos y dinámicas del día a día sin comprometer la calidad espacial de la construcción. Este tipo de ejercicio forma parte de la práctica arquitectónica en general; sin embargo, al considerar proyectos residenciales —sobre todo casas—, la búsqueda de recursos de confort, como luz y ventilación naturales, control de ruido y privacidad, adquiere capas de complejidad vinculadas a la multiplicidad de situaciones que una vivienda debe albergar.

En el universo de la arquitectura, es habitual que las soluciones técnicas vinculadas al confort de los ambientes se transformen en recursos expresivos o detalles únicos en los proyectos. Este es el caso de los espejos de agua, dispositivos que contribuyen ampliamente a los parámetros de confort térmico en los edificios y que, al mismo tiempo, funcionan como elementos de interés estético que crean situaciones sorprendentes allí donde se aplican.

En el debate de la arquitectura, se discute ampliamente sobre la influencia del medio donde se inserta el edificio, ya sea mediante la incorporación de elementos del entorno durante el proceso de diseño, o bien por la negación o superación de las características indeseadas de dichos lugares. Algunas situaciones evidencian más esta negociación que otras, sobre todo cuando el entorno natural es dominante. En estos casos, se observa constantemente la confrontación entre la preexistencia natural y las intervenciones humanas, así como las formas posibles de alcanzar la armonía entre ambas.

Asociados a un imaginario arquitectónico de los años 80, los ladrillos —o bloques— de vidrio son elementos constructivos que han vuelto a llamar la atención por su potencia plástica, siendo revisitados por la producción contemporánea. Con su primera patente registrada en 1907, este producto fue desarrollado para responder a la necesidad de iluminación en las áreas interiores de las edificaciones; sin embargo, son los efectos visuales producidos por su translucidez y textura los que lo hacen tan codiciado. Actualmente, se emplea en diversos contextos: desde baños hasta divisiones residenciales e, incluso, fachadas completas de bares, tiendas y restaurantes.

Las interfaces que establecen la relación entre el adentro y el afuera en los proyectos de arquitectura desempeñan un papel fundamental al reiterar o negar los posibles grados de esta conexión. En este sentido, uno de los factores centrales en la concepción de las fachadas es el nivel de opacidad de los materiales que las componen, ya que a partir de esto se crean situaciones absolutamente diversas en relación con la luz, las vistas y los efectos en la atmósfera de los ambientes. Los materiales o elementos translúcidos representan una estrategia interesante para una mediación entre el interior y el exterior que sugiere un efecto diáfano, etéreo, con cierto misterio promovido por un tipo de superficie que permite el paso de la luz pero, al mismo tiempo, no configura una imagen nítida de las superficies para el observador.