
Asociados a un imaginario arquitectónico de los años 80, los ladrillos —o bloques— de vidrio son elementos constructivos que han vuelto a llamar la atención por su potencia plástica, siendo revisitados por la producción contemporánea. Con su primera patente registrada en 1907, este producto fue desarrollado para responder a la necesidad de iluminación en las áreas interiores de las edificaciones; sin embargo, son los efectos visuales producidos por su translucidez y textura los que lo hacen tan codiciado. Actualmente, se emplea en diversos contextos: desde baños hasta divisiones residenciales e, incluso, fachadas completas de bares, tiendas y restaurantes.
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