
La comprensión de la arquitectura como disciplina aborda, entre otras cosas, su lenguaje y representación como síntesis de una serie de diversos esfuerzos —cualidades constructivas, compositivas, espaciales y técnicas— que se articulan para culminar en la obra construida. Para ello, pensar en la representación gráfica que presuponen todos estos esfuerzos es esencial, ya que esta representa, simultáneamente, tanto el procedimiento como el producto del quehacer arquitectónico.
En este sentido, se puede entender que el debate de la arquitectura a lo largo de la historia, en diversos momentos, ha tenido que traducirse en dibujo. El ejercicio del dibujo aglutina y se refiere directamente al discurso detrás de la obra de los/las arquitectos/as de todas las escuelas, movimientos y épocas. Por ello, más allá de las elecciones estéticas, formales y constructivas, las opciones de representación también son motivo de debate entre profesionales y teóricos/as del área. En un texto sobre las estrategias de proyectos contemporáneos en São Paulo, Mario Biselli y Ana Gabriela Godinho Lima señalan que "como producto intelectual y cultural, la arquitectura tiene mucho que decir y aportar: es una actividad que convoca y moviliza un tipo de inteligencia sintética, sincrética y dinámica". [1]
Planta, corte y elevación representan una tríada tradicional de representación que pasa por los filtros de intención de los/las autores/as de los proyectos, sirviendo como objeto para la lectura y comprensión de las obras en su sentido total, procesal y constructivo. Sin embargo, es posible inferir que el corte es, e históricamente ha sido, el dibujo de mayor interés entre ellos, ya que se entiende esta representación como un método del propio proyectar arquitectónico.










