Un banco de madera y la geografía de los materiales

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Las imágenes de las bancas en el parque High Line de Nueva York se difundieron por todo el mundo cuando el proyecto se inauguró en 2009. Surgiendo en diagonal a partir de la misma materialidad y modulación del pavimento, estas piezas pasan de manera fluida del concreto a la madera, evocando las vías del tren que alguna vez ocuparon el lugar. Para resistir décadas de exposición a la intemperie, el proyecto requería una especie de madera de durabilidad excepcional, por lo que se seleccionó el ipé, proveniente de la Amazonia brasileña. Su lento crecimiento produce una madera dura, densa y de baja porosidad, naturalmente resistente al desgaste, la humedad y el deterioro biológico. Sin embargo, la elección desató controversia en su momento debido a las preocupaciones sobre la certificación del manejo forestal de la madera. Esta perspectiva más amplia transforma nuestra manera de pensar sobre los materiales: su origen sigue siendo importante, pero también lo es qué ocurre una vez que la vida útil del edificio llega a su fin.

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High Line - Sección 3 | Diller Scofidio + Renfro. Imagen © Iwan Baan

El bosque donde creció esa madera también depende de intercambios que se extienden mucho más allá de sus propios límites. Cada año, los vientos transportan grandes cantidades de polvo desde el Sahara a través del Atlántico. Parte de este polvo se deposita sobre la cuenca del Amazonas, aportando fósforo, un nutriente esencial para el crecimiento de árboles como el ipé. Dado que los suelos amazónicos contienen relativamente poco fósforo y las fuertes lluvias lavan constantemente los nutrientes, este polvo ayuda a reponer lo que la selva pierde cada año. Según la NASA, aproximadamente 27.7 millones de toneladas métricas de polvo sahariano llegan al Amazonas anualmente, transportando alrededor de 22,000 toneladas métricas de fósforo, casi la misma cantidad que la selva pierde por las lluvias y las inundaciones.

Estos movimientos no son exclusivos de la naturaleza; los materiales de construcción siguen trayectorias similares. En un mundo conectado por el comercio, la migración, la manufactura y la información, muy poco de lo que conforma un edificio permanece en su lugar de origen. Dubái ofrece un ejemplo elocuente: a pesar de estar rodeada de desierto, la ciudad importó arena de Australia para la construcción del Burj Khalifa, debido a que miles de años de erosión eólica habían redondeado los granos de arena locales hasta volverlos inadecuados para el concreto.

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Burj Khalifa / Skidmore, Owings & Merrill (SOM). Imagen cortesía de Skidmore, Owings & Merrill

Durante siglos, estos movimientos fueron en gran medida invisibles. Sabíamos de dónde provenía el mármol italiano o el acero alemán, pero rara vez pensábamos en los innumerables componentes que se ensamblan en un edificio o en qué tan lejos habían viajado. A medida que las cadenas de suministro se expandieron, comprender un material pasó a significar algo más que identificar su origen; también implicó entender la ruta que recorrió antes de llegar a la obra y hacia dónde podría dirigirse después.

Una respuesta a esto ha surgido en Europa a través de los pasaportes de materiales. Proyectos como Buildings as Material Banks (BAMB) documentan el origen, la composición y el potencial de reutilización de cada componente de una edificación. El objetivo es sencillo: cuando un edificio llega al final de su vida útil, sus materiales deben recuperarse y volver a utilizarse en lugar de desecharse. El nombre del proyecto sintetiza bien esta idea: los edificios no son el destino final de los materiales, sino depósitos temporales.

Acero laminado en una fábrica a miles de kilómetros de distancia. Vidrio fabricado dentro de otra red industrial. Trabajadores y trabajadoras que llegaron de otra región. Códigos de edificación heredados de distintas tradiciones constructivas. Software de diseño desarrollado en otro continente. Antes de convertirse en arquitectura, cada uno de estos elementos pertenecía a otro lugar. Después de que un edificio es desmantelado, volverán a pertenecer a otro sitio, ya sea mediante la reutilización, el reciclaje o la disposición final. Durante gran parte de la historia de la arquitectura, la pregunta principal era de dónde provenían los materiales. Hoy en día, resulta igualmente importante cuestionarse hacia dónde irán después.

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Prototipo de vivienda escalable de madera prefabricada de ORGA architect, 2026. Imagen © Niek van Engelen / Recollect Films. Imagen © Niek van Engelen / Recollect Films

Solo la escala y la velocidad de estos movimientos han cambiado, junto con nuestra capacidad para rastrearlos. La antigua Roma ya se construía con materiales transportados a través del Mediterráneo. El mármol de Grecia, Egipto y la actual Turquía recorría miles de kilómetros para revestir templos, foros y palacios. Hoy en día, esas mismas rutas cruzan océanos y pueden documentarse mediante sistemas de certificación o pasaportes digitales de materiales.

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High Line - Sección 3 | Diller Scofidio + Renfro. Imagen © Iwan Baan
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Edificio modelo de CLT "KITERASU" en la estación Kuse / ofa. Imagen © Ken'ichi Suzuki

Esto plantea una pregunta incómoda: ¿qué significa la arquitectura local cuando casi nada en un edificio es realmente local? Incluso si su estructura emplea piedra o tierra extraídas en las cercanías, un grifo, un elevador o el marco de una ventana revelan rápidamente una cadena de suministro que se extiende por varios continentes. Los materiales siempre han viajado. Lo que ha cambiado es nuestra conciencia sobre esos movimientos y nuestra capacidad para decidir si estos generan lugares con identidades definidas o edificios que se parecen cada vez más entre sí.

Las fases posteriores del High Line reemplazaron el ipé original con teca recuperada de edificios antiguos, puentes y otras estructuras en todo el sudeste asiático. La madera ya no provenía directamente del bosque, sino de otro edificio. El parque se convirtió en un capítulo más de la vida de esa madera, en lugar de ser su punto de partida. La arquitectura se sigue haciendo con elementos que vienen de otra parte; la diferencia es que ese "otro lugar" suele ser otro edificio.

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High Line - Sección 3 | Diller Scofidio + Renfro. Imagen © Iwan Baan

Desde luego, reconstruir cada vida anterior de un material rara vez es posible. Los pasaportes de materiales solo pueden revelar una parte de esa historia. Aun así, incluso un conocimiento parcial transforma nuestra manera de diseñar. Desplaza la pregunta de un simple ¿De dónde vino este material? a ¿Cuáles son las consecuencias de elegirlo? Su origen, la distancia recorrida, su potencial de reutilización y la vida que pueda tener después de la demolición se vuelven parte de la decisión de diseño.

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Sobre este autor/a
Cita: Souza, Eduardo. "Un banco de madera y la geografía de los materiales" [A Wooden Bench and the Geography of Materials] 22 jul 2026. ArchDaily en Español. (Trad. Baratto, Romullo) Accedido el . <https://www.archdaily.cl/es/1181379/un-banco-de-madera-y-la-geografia-de-los-materiales> ISSN 0719-8914

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