
Lagos es una ciudad moldeada por el tiempo, la interacción humana, las fuerzas de la naturaleza y su relación cambiante y, a veces, conflictiva con estos tres elementos. No hay lugar donde esto resulte más evidente que cuando llega la lluvia.
Eko se asienta sobre una llanura aluvial. Su condición geográfica es anterior a la propia ciudad, remontándose a una época previa al trazado de la primera calle o a la delimitación de la primera frontera. Los sistemas de drenaje y los desarrollos inmobiliarios que paulatinamente se han convertido en frentes marítimos privatizados están construidos sobre un paisaje que, en su esencia, siempre ha estado en continuo diálogo con el agua. La inundación no es una anomalía; es el territorio que insiste en entablar un diálogo destinado a repetirse.























