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Arquitectos: remo estudio
- Área: 10 m²
- Año: 2026





El espacio público suele concebirse para ser percibido como universal, pero su acceso se experimenta de manera desigual. Para muchas mujeres, desplazarse por la ciudad implica una evaluación constante de la exposición, la visibilidad, la proximidad a otras personas, la iluminación, el acceso al transporte, las rutas de escape y la probabilidad de sufrir acoso. Estos cálculos están determinados tanto por condiciones espaciales como sociales. La seguridad es una cuestión de forma urbana, mantenimiento, movilidad, gobernanza y distribución de la inversión pública. Si bien el entorno construido puede no ser la causa directa de la violencia de género, sí puede intensificar la vulnerabilidad y normalizar la desigualdad en el acceso, especialmente a los espacios públicos.
Para los/las arquitectos/as y planificadores/as, existe una distinción fundamental entre diseñar para la vigilancia y diseñar para la seguridad cotidiana. Las estrategias de vigilancia tienden a centrarse en el control, la presencia policial y la gestión del movimiento, mientras que la seguridad cotidiana depende de si las personas pueden ver y ser vistas, si las rutas son claras, si los espacios públicos fomentan actividades durante todo el día y de qué manera se sostiene su mantenimiento a largo plazo. El rol del diseño es transformar las condiciones en las que se desarrolla la vida pública.







Filippo Brunelleschi y la cúpula de Santa Maria del Fiore, terminada en 1436 en la ciudad italiana de Florencia, representan un capítulo importante en la historia de la arquitectura, a menudo asociado con el distanciamiento progresivo entre el dibujo y la construcción. Esta separación, consolidada gradualmente con el paso del tiempo, encuentra un punto de inflexión decisivo en el Renacimiento. El dibujo se convierte en un instrumento para anticipar y afirmar la autoridad sobre la construcción. La obra de construcción, que alguna vez fue un espacio de invención y toma de decisiones, pasó a entenderse principalmente como un lugar de ejecución.
Durante los siglos siguientes, esta distancia se volvió cada vez más pronunciada, particularmente con la construcción moderna. La industrialización, la especialización técnica y la organización corporativa fragmentan el proceso constructivo en etapas cada vez más diferenciadas. Quienes diseñan rara vez construyen; quienes construyen no siempre participan en la toma de decisiones; y quienes financian, gestionan y habitan ocupan posiciones aún más distanciadas entre sí. Si bien la eficiencia de este modelo permitió construir a escala, también concentró el conocimiento y el poder de decisión en manos de unos pocos actores.


