En todo Brasil, la arquitectura sigue cobrando forma a través de diferentes tipos de práctica, escalas y relaciones con el lugar. La selección de este mes analiza oficinas que trabajan más allá de los límites arquitectónicos convencionales, enfoques colectivos que reconectan el diseño y la construcción, y proyectos que responden al paisaje, la memoria y la comunidad. Junto con edificios y espacios públicos de reciente construcción, las nuevas intervenciones culturales en São Paulo y Río de Janeiro destacan aún más cómo la arquitectura se cruza con el arte, el patrimonio y el entorno urbano en general.
La vivienda moderna fue uno de los ámbitos donde el movimiento moderno planteó su promesa más audaz: que la arquitectura podía transformar no solo la ciudad, sino también la forma en que la gente vivía en ella. Como ha señalado el historiador de la arquitectura argentino Ramón Gutiérrez, la vivienda popular es "la gran asignatura pendiente, que habitualmente no figura en las historias de la arquitectura". En América Latina, esta ausencia es significativa. A lo largo del siglo XX, la expansión de las ciudades convirtió a la vivienda en una de las formas más claras de proyectar el cambio urbano, y el modernismo se introdujo no solo en planos y dibujos, sino también en departamentos, barrios, calles y rutinas domésticas.
Sin embargo, una vez construidos, estos proyectos se insertaron en ciudades configuradas por la política, la memoria, la desigualdad y dinámicas de ocupación en constante evolución. Sus significados ya no dependían únicamente del plano original, sino de las formas en que fueron habitados, alterados y transformados con el paso del tiempo. Lo que esta historia revela no es una simple adaptación, sino una fricción: ese momento en que la arquitectura deja de ser un modelo ideal y se enfrenta a una ciudad que no puede controlar por completo.
Implantado en el alto del Mirador de Boa Viagem de la ciudad de Niterói, el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói – MAC fue diseñado por el arquitecto Oscar Niemeyer. Inaugurado hacia el año 1996, se trata de una obra maestra de la arquitectura moderna dedicada a albergar la colección de arte contemporáneo brasileño de los años 60-90. Se alza sobre el acantilado como un faro y simula flotar en el aire al posarse sobre una fuente de agua. Frente a la Bahía de Guanabara de Río de Janeiro, Brasil, sus líneas circulares y su figura revolucionaria de doble curvatura resaltan en el horizonte ofreciendo una plaza abierta de 2500 m2 junto a un espejo de agua que aportan una apariencia de gran ligereza a la estructura.