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Arquitectos: Estúdio HAA!
- Año: 2023

¿Qué define la atmósfera de un hogar? Más allá de las paletas de materiales y la luz natural, el sonido desempeña un papel determinante en la manera en que se perciben y habitan los espacios. La reverberación de los pasos sobre la piedra, la calma atenuada de una habitación revestida de textiles o la forma en que la música se propaga a través de un interior de planta libre definen la identidad sensorial del espacio doméstico. La arquitectura se experimenta no solo de forma visual, sino también acústica.
El concepto de "paisaje sonoro" describe esta relación entre las personas, el sonido y el entorno construido. En la arquitectura residencial, el sonido es mucho más que un ruido de fondo o un mero rendimiento técnico: influye directamente en la privacidad, la concentración, el descanso y el bienestar emocional. La geometría y la materialidad actúan como los principales conductores acústicos: mientras que el concreto, el vidrio y la piedra reflejan y amplifican, la madera y la tapicería suavizan y absorben. Asimismo, las alturas de los techos, los recorridos de circulación y las proporciones de las habitaciones determinan cómo el sonido se propaga y se asienta en un espacio.





Muchas de las ideas espaciales que hoy asociamos con la arquitectura contemporánea, el uso colectivo y la experiencia corporal no se originaron únicamente en los edificios. En América Latina, estas ideas a menudo se exploraron primero a través del arte, en un momento en que los/las artistas cuestionaban activamente cómo se podía ocupar, compartir y experimentar el espacio más allá de las formas tradicionales.
A mediados del siglo XX, la región experimentó una rápida urbanización y profundos cambios sociales. De la arquitectura se esperaba cada vez más que respondiera a la vida pública, la colectividad y nuevas formas de habitar el espacio. Al mismo tiempo, el arte ofrecía un terreno más flexible para la experimentación, menos condicionado por la función, la normativa o la permanencia. De este modo, muchas interrogantes espaciales se pusieron a prueba a través de prácticas artísticas antes de integrarse al pensamiento arquitectónico.





A través de Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una que se moldea a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa luz solar y la variación estacional, la arquitectura ha confiado durante mucho tiempo en decisiones espaciales para moderar el clima y apoyar la vida diaria. El confort surge de cómo se abren, sombrean, ventilan y habitan los interiores a lo largo del tiempo.
En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, muchos proyectos contemporáneos en la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en lugar de maximizarse, el aire se guía a través de aberturas y vacíos alineados, y los umbrales se convierten en espacios activos de uso en lugar de bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las cambiantes condiciones climáticas. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.
