
Las consecuencias espaciales de la forma urbana se revelan cuando los indicadores de salud se trazan sobre los vecindarios. Los vecindarios que fomentan las caminatas, los mandados diarios, la interacción social y el acceso a servicios esenciales crean oportunidades para incorporar la actividad física en las tareas cotidianas. En cambio, los lugares organizados en torno a largas distancias y traslados en automóvil anulan esta posibilidad. La actividad física y la motivación para incorporarla a la vida diaria están determinadas por la distancia a un supermercado, la seguridad de un cruce peatonal, la frecuencia del transporte público y el ancho de una acera, además de la cantidad de servicios a poca distancia a pie.
















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