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Arquitectos: Aldo Rossi
- Año: 1971

El fotógrafo Aldo Amoretti registró nuevas imágenes de uno de los proyectos más esperados de 2018, la Planta de Energía Amager Bakke con una pista de esquí en la cubierta, ubicada en Copenhague y diseñada por BIG. Las imágenes muestran la planta terminada —inaugurada en marzo de 2017— mientras avanzan las obras del parque de 16 mil metros cuadrados y de la pista de esquí.
El proyecto busca recuperar un espacio generalmente no utilizado de un edificio —la cubierta— para el público a través de la introducción de elementos naturales. Durante los meses de verano, el parque diseñado por SLA ofrecerá a los visitantes senderos para caminatas, áreas de juegos, estructuras de gimnasia, pistas para correr y muros de escalada. En invierno, el parque albergará una pista de esquí de 500 metros diseñada por BIG.

¿Alguna vez se ha preguntado cómo se diseña el proyecto de una exposición? ¿O cómo se articula en el montaje del contenido expuesto?
Históricamente, lo que hoy conocemos como Museo comenzó como un lugar para la reunión de piezas y objetos organizados por tipología, como se revela al observar imágenes de los llamados gabinetes de curiosidades o cuartos de maravillas, donde se organizaba una multiplicidad de objetos y especies raras (animal, vegetal y mineral) traídas de las grandes exploraciones de los siglos XVI y XVII.
Siglos más tarde, estas colecciones comenzaron a ganar fuerza y antiguos palacios transformaron sus pasillos y circulaciones en extensas y continuas galerías a las que solo tenían acceso sus huéspedes y residentes. Posteriormente, en el siglo XIX, el surgimiento de pabellones dedicados esencialmente a la exposición de artefactos se aproximó más a la idea actual de lo que hoy son los museos. Solemos publicar diversos proyectos de museos. Pero más lá de su arquitectura, ¿ha observado el papel fundamental que desempeña la expografía? A continuación, enumeramos algunos de los conceptos clave de los proyectos expográficos.


La relación entre la limitación y la excelencia en el diseño está plenamente consolidada en la teoría de la arquitectura; sin embargo, suele estar poco explorada en los debates sobre prácticas específicas del sitio. Cuando los/las arquitectos/as se enfrentan a una topografía extrema, se topan con una elección fundamental: transformar el paisaje para dar cabida al edificio, o modificar el edificio para adaptarlo al paisaje. El primer enfoque es directo y requiere que quien construya realice excavaciones, rellenos, terrazas y edifique sobre terreno llano. No obstante, esta elección trae consigo consecuencias en cascada, ya que cualquier movimiento de tierra puede desestabilizar pendientes, alterar el drenaje y fracturar los ecosistemas. Un volumen creciente de obras arquitectónicas innovadoras demuestra que existe una alternativa al movimiento de tierras y a los muros de contención.

Los sitios patrimoniales constituyen complejos archivos espaciales en los que convergen la arquitectura, la historia y la memoria colectiva. Abarcan un amplio espectro de contextos: desde restos arqueológicos, paisajes urbanos antiguos e históricos y paisajes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta estructuras cívicas de principios de la era moderna e infraestructuras industriales. Sin embargo, estos entornos se enfrentan a diversos desafíos: el cambio climático, la transformación urbana, los desastres, las cambiantes necesidades sociales y la erosión gradual de su tejido material. Los proyectos de revitalización y restauración responden a estas condiciones al posicionar la práctica arquitectónica y espacial como un mediador activo entre la preservación y las topologías contemporáneas.
En la práctica actual, la conservación se entiende como un proceso creativo de adaptación y reinterpretación que beneficia tanto a las comunidades como a sus habitantes. Al mismo tiempo, la arquitectura monumental sigue definiendo la identidad y el paisaje de un lugar para un público más amplio y para las generaciones futuras. Quienes ejercen la arquitectura y la planificación tienen el desafío de dialogar con contextos históricos sensibles, al tiempo que introducen nuevos programas, técnicas y experiencias espaciales. De este modo, ejemplifican diversos enfoques de diseño, que abarcan desde intervenciones estructurales precisas, estrategias adaptadas al clima y una meticulosa restauración material, hasta la cuidadosa inserción de nuevos elementos arquitectónicos. De igual importancia es su compromiso con el conocimiento vernáculo y la materialidad, lo que preserva la identidad local y la especificidad cultural de cada sitio.

Tras dos semanas y más de 85.000 nominaciones, ya se conocen los finalistas de los Premios Building of the Year de este año. La selección refleja fielmente a la audiencia de ArchDaily que la eligió: diversa en su geografía, generosa en ideas y precisa en sus intenciones. Con proyectos de 46 países, abarcando una gran variedad de tipologías y escalas, el conjunto ofrece una excelente instantánea del momento arquitectónico actual.
Te invitamos a tomarte un momento, explorar y votar por tus favoritos definitivos. A continuación, encontrarás a los 75 finalistas en sus respectivas categorías. La votación estará abierta hasta el 18 de febrero a las 18:00 EST. Muchas gracias; tu participación es fundamental para hacer de este el premio de arquitectura impulsado por la comunidad más grande del mundo.


Los muelles y puertos de embarcaciones son espacios liminales donde la orilla marca el encuentro entre la tierra y el agua, sirviendo como un espacio para la convergencia de la cultura, la industria y la comunidad. Para quienes trabajan en el mar, desde pescadores/as comerciales hasta operadores/as de carga marítima, el muelle es un umbral entre el trabajo y el descanso, entre la incertidumbre oceánica y la estabilidad terrestre. Para otras personas, el muelle funciona como una puerta de entrada a la recreación, el deporte y la aventura, albergando desde clubes de remo hasta viajes familiares en velero. Y para quienes nunca suben a bordo de una embarcación, el muelle ofrece una poderosa conexión con el entorno marino, un lugar donde detenerse, observar e interactuar con el ritmo de las mareas.

"Dancen, dancen... de lo contrario, estamos perdidos". Esta frase tantas veces citada de Pina Bausch sintetiza no solo la urgencia del movimiento, sino también su capacidad para revelar el espacio mismo. En sus coreografías, el espacio nunca es un telón de fondo neutro: se convierte en un interlocutor, un obstáculo, una memoria. Los suelos se inclinan, las sillas se acumulan, las paredes oprimen o liberan. Se trata de condiciones arquitectónicas, escenificadas y cuestionadas a través del cuerpo. Lo que Bausch expone —y lo que la arquitectura a menudo olvida— es que el espacio no se limita a construirse, sino que se performa. Su obra invita a quienes ejercen la arquitectura a pensar no solo en términos de materiales y formas, sino también de gestos, relaciones y ritmos. Sugiere que la arquitectura, al igual que la danza, consiste en última instancia en cómo habitamos, estructuramos y cargamos de emoción los espacios por los que nos movemos.
Históricamente, la arquitectura y la danza han operado en paralelo, moldeando la experiencia humana a través de la orientación del cuerpo en el espacio y el tiempo. Desde los rituales coreografiados de los templos clásicos hasta las lógicas axiales de los palacios barrocos, el espacio construido siempre ha implicado movimiento. La Bauhaus llevó esto más allá: el Ballet Triádico de Oskar Schlemmer visualizó el espacio como una extensión geométrica del cuerpo. No se trataba de escenografía, sino de pensamiento espacial hecho movimiento. Durante el siglo XX, figuras de la coreografía como William Forsythe y Anne Teresa De Keersmaeker integraron las limitaciones arquitectónicas en sus partituras, mientras que arquitectos y arquitectas como Steven Holl, Diller Scofidio + Renfro y Toyo Ito diseñaron edificios que se despliegan como secuencias espaciales, invitando al movimiento, la deriva y la pausa.




La vivienda para estudiantes ha experimentado una transformación notable durante el último siglo. Una vez vista como una necesidad utilitaria, proporcionando refugio y servicios básicos para estudiantes, esta tipología arquitectónica ha evolucionado para abordar demandas sociales, culturales y urbanas cada vez más complejas. Comenzando con el enfoque modernista de Le Corbusier en la Cité Universitaire en París, la residencia estudiantil ha reflejado tendencias más amplias en arquitectura, urbanismo y cambio social.
Hoy en día, estos edificios deben atender a una población altamente diversa y transitoria, navegando las presiones de asequibilidad, densidad y los estándares de vida en evolución de los jóvenes adultos. Con la rápida urbanización y el aumento de la movilidad estudiantil, las universidades enfrentan ahora el desafío de diseñar viviendas que no solo sean funcionales, sino también adaptables a diferentes contextos culturales y sociales. Esto ha llevado a soluciones más flexibles e innovadoras que promueven tanto la privacidad como la vida comunitaria.


