
Los seres humanos nacen con una inclinación biológica a dialogar activamente con la naturaleza: escuchar el crujido del fuego, oler la tierra mojada tras la lluvia, experimentar las cualidades terapéuticas de las plantas y el color verde, y buscar la cercanía con otros seres vivos. Por esta razón, y ante el alarmante deterioro ambiental contemporáneo junto con la acelerada urbanización, los/las arquitectos/as han volcado su atención hacia proyectos con conciencia ecológica que buscan reconectar a las personas con el entorno natural. Para ello, exploran múltiples estrategias: desde la construcción con tierra apisonada y el uso de materiales y mobiliario reciclados, hasta el diseño pasivo orientado según el recorrido solar. No obstante, en una práctica fuertemente influenciada por la edificación sostenible, la frontera entre la verdadera ecología y el lavado de imagen verde o "greenwashing" se vuelve cada vez más difusa. En este panorama, lo que mejor fomenta la conexión intrínseca entre los seres vivos y la naturaleza es el "diseño biofílico", una filosofía que consiste en "traer el exterior hacia el interior".












































































