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Siempre es fascinante cuando la arquitectura rompe los límites de la profesión y se convierte en un tema de debate en un ámbito más amplio. Afortunadamente, gracias a internet, no faltan ocasiones como esta: ya sea el artículo que se difundió tanto que encontró un cliente para un improbable proyecto de una casa en un acantilado o foros que de repente decidieron que la arquitectura moderna parece “malvada”, los virales garantizan que haya muchas oportunidades para que el público no especializado ofrezca sus aportes a la producción de nuestra profesión.
La sensación del verano de 2017 fue la Fachada Emoticon de Attika Architekten. Este edificio, cuidadosamente sensato y discreto, llamó la atención del público gracias a la inclusión de detalles decorativos en forma de emojis. Mientras que la mayor parte de internet respondió con ojos de corazón, no faltaron quienes consideraron que estos emojis esculpidos son un claro indicio de que la arquitectura —y por extensión la sociedad, y por ende toda la vida tal como la conocemos— está condenada y nunca se recuperará. Esta opinión se ve legitimada por artículos como este en Wired, de Sam Lubell, quien, al reportar sobre el edificio, encontró a dos especialistas dispuestos a dedicarle una gran mueca de desaprobación a la obra de Attika Architekten. Dado el papel que estos/as especialistas desempeñan en la conducción de la conversación pública, analizamos aquí sus argumentos.

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