Varios eventos han moldeado a Marruecos desde su independencia. Uno de ellos es la transición de los arquitectos de servir al declinante imperio francés a servir a la recién independiente nación marroquí. Tras obtener la independencia en 1956, jóvenes arquitectos marroquíes y extranjeros tuvieron la tarea de construir un Marruecos autosuficiente. La demanda de infraestructura moderna, nuevos edificios administrativos y mejores instalaciones educativas y de salud llevó a un auge de la construcción. Este auge brindó a los arquitectos y urbanistas la oportunidad de expresar su visión.
Inspirados por la popularidad del modernismo en Europa, los arquitectos experimentaron con edificios que encarnaban el brutalismo. Este estilo arquitectónico no solo fue una rebelión contra la visión colonial del diseño urbano en Marruecos, sino también un símbolo de unidad arquitectónica en el paisaje urbano. Los edificios fueron creados en varias tipologías con la característica de concreto expuesto, mostrando sus cualidades inherentes de resistencia, durabilidad y funcionalidad. Estos edificios, que se pueden ver en ciudades como Agadir, Casablanca, Tánger y partes de Marrakech, representan un diálogo entre el brutalismo y la cultura, el entorno y el clima marroquíes.
El efecto "isla de calor" urbano se produce cuando aceras, carreteras y edificios absorben el calor del sol y lo irradian de regreso, provocando un aumento de la temperatura e impidiendo que la ciudad se enfríe. Con la creciente dependencia de los autos en las ciudades, también está aumentando el número de plazas de estacionamiento urbano para dar cabida a los edificios. Esto ha resultado en la conversión de grandes áreas de terreno permeable cubierto de vegetación en superficies duras e impermeables. El uso de materiales como el asfalto, combinado con la falta de sombra, superficies reflectantes de acero de los automóviles, y la pérdida de vegetación en estos extensos estacionamientos, contribuye a la amplificación de los efectos de las altas temperaturas y los eventos de calor extremo, lo que hace que los espacios urbanos sean incómodos. Esta transformación está impactando el clima de las regiones que dependen del automóvil y exige ideas y esfuerzos colaborativos para mitigar los efectos negativos del aumento del calor.
El 3 de febrero se inauguró la edición de este año de la Bienal de Lagos en la Plaza Tafawa Balewa, un lugar emblemático que en 1960 fue el escenario de las celebraciones de la independencia de Nigeria. En su cuarta edición, esta feria de arte mantiene su objetivo de utilizar el arte para reactivar monumentos históricos que han perdido relevancia, ya sea en su uso funcional o en su significado simbólico para la población de la antigua capital.
Las ediciones anteriores de la Bienal han explorado diversos aspectos de la arquitectura de la ciudad, su significado de representación, sus implicaciones políticas, la soberanía, la propiedad, las nociones de pertenencia y su relación con el público. Este año, el tema "Refugio" lleva esta exploración aún más lejos en la Plaza Tafawa Balewa. Los y las curadores Kathryn Weir y Folakunle Oshun destacan que este eje temático impulsa a la plaza a cuestionar el concepto de Estado-nación. Asimismo, reúne a artistas y profesionales de la arquitectura de diversas disciplinas para explorar enfoques alternativos en la construcción de comunidades renovables y la promoción de la justicia climática.
La reubicación de una ciudad capital es una decisión urbana compleja con diversas dimensiones y consecuencias tanto para la antigua capital como para la nueva. Esta puede ser impulsada por factores políticos, económicos y sociales (entre otros), y tiene implicaciones tanto urbanas como arquitectónicas para los residentes. Algunos de estos factores pueden ser la ubicación, la planificación, el diseño de edificios, el propósito de la antigua capital, las condiciones climáticas y la separación de los centros político/administrativos de las ciudades culturales y económicas.
A raíz del continuo discurso urbano, países como Egipto están construyendo una nueva ciudad capital para aliviar la población y el estrés urbano en El Cairo. De manera similar, Indonesia está planeando una nueva capital en respuesta a los desafíos que enfrenta Yakarta, como la contaminación, la congestión del tráfico y el aumento del nivel del mar. Es valioso examinar otros países del sur global que han trasladado sus ciudades capitales, teniendo en cuenta las lecciones arquitectónicas y urbanas aprendidas de sus experiencias.
A veces, los/las arquitectos/as llevan el proceso de diseño más allá de la práctica tradicional para involucrar a los usuarios potenciales como participantes activos. Esto amplía el marco de diseño, convirtiendo las opiniones de los futuros usuarios en un factor clave para el desarrollo del proyecto. Al recurrir al conocimiento colectivo, las habilidades y la toma de decisiones de la comunidad, los proyectos se vuelven más afines a sus necesidades, el diseño se adapta mejor al contexto local y se genera una plataforma para el intercambio de técnicas y saberes tradicionales. Asimismo, fomenta un sentido de pertenencia dentro de la comunidad y empodera a los usuarios para incidir en su entorno inmediato.
El diseño participativo es un proceso aplicable a la arquitectura en todas sus escalas, desde viviendas y oficinas hasta espacios públicos e intervenciones urbanas. Analizar diversos proyectos bajo la perspectiva de la co-creación con profesionales de la arquitectura permite comprender a fondo el valor intrínseco de este proceso. Este enfoque desglosa los principios teóricos de la participación, la co-creación y el empoderamiento en ejemplos prácticos y actividades pragmáticas. Estos proyectos encarnan la contribución de los usuarios al proceso de diseño, ya sea a través de la planificación espacial y urbana, o mediante el uso de materiales y técnicas de construcción locales.
Camerún cuenta con un rico patrimonio arquitectónico de templos de culto católico. Estas edificaciones abarcan diversos estilos, desde diseños contemporáneos y exploraciones con ladrillo de terracota hasta influencias arquitectónicas góticas y bizantinas. A partir de la llegada de misiones y comunidades coloniales en 1890, se construyeron numerosos edificios religiosos con la participación de las poblaciones locales. Estas obras no solo contribuyeron al desarrollo de la fe cristiana, sino que también funcionaron como espacios de intercambio de ideales arquitectónicos entre las comunidades locales y extranjeras.
Durante este periodo, en Camerún se exploraron las corrientes gótica y bizantina —que habían alcanzado su apogeo en Europa— para la creación de estos templos. Ambos movimientos fueron puestos en diálogo con las prácticas constructivas locales y hoy en día representan el patrimonio histórico de las catedrales del país.
La arquitectura informal es el modo predominante de urbanización en las ciudades de rápido crecimiento e industrialización en todo el mundo. En Delhi, la ciudad más poblada de la India, la mitad de sus habitantes vive en asentamientos informales. Lagos, con una población que supera los 22 millones de personas, también registra un 60% de residentes viviendo en asentamientos informales. Este patrón se repite en El Cairo, Johannesburgo, Kinshasa y otras ciudades del Sur Global que enfrentan desafíos similares de desigualdad y escasez de vivienda. A medida que su población crece y la urbanización avanza, la exploración de esquemas de arquitectura informal para atender la demanda de vivienda asequible y servicios básicos no hará más que aumentar. Si bien el propósito principal del diseño es dotar de estructura, las lecciones de la arquitectura informal ofrecen pautas sobre cómo los/las arquitectos/as pueden responder a este tipo de dinámicas.
Ubicada en la ciudad de Bangui, la capital de la República Centroafricana, se encuentra la Catedral de Notre Dame. Esta gran iglesia de ladrillo rojo fue construida a principios del siglo XX en estilo colonial francés. A medida que la ciudad pasó de ser un pequeño puesto avanzado a convertirse en una capital colonial, el edificio se formó como una fusión cultural y simbólica de estilos arquitectónicos europeos y centroafricanos. Diseñada por el arquitecto francés Roger Erell, la catedral muestra la artesanía de la construcción local y proporciona un espacio para el consuelo espiritual.
La arquitectura en el Sur Global a menudo encarna un rico patrimonio cultural y artesanal, incorporando colores vibrantes, patrones intrincados y elementos simbólicos. También aborda los desafíos que enfrentan las economías en desarrollo, como los recursos limitados, la rápida urbanización y la desigualdad social, promoviendo soluciones de diseño inclusivas y orientadas a la comunidad. A medida que las instalaciones y pabellones sirven como plantillas radicales para cuestionar estos ideales arquitectónicos y buscar soluciones innovadoras, presentamos las mejores instalaciones arquitectónicas como parte de nuestro resumen del año. Incluyen exposiciones curadas como la Bienal de Arquitectura de Venecia, así como estructuras de pabellones permanentes en contextos específicos que exploran materiales locales, reutilización de desechos y reinterpretación de narrativas históricas.
El Climat de France es un proyecto de vivienda social colonial francés en Argelia, diseñado por Fernand Pouillon, y actualmente renombrado como Oued Koriche. Ubicado aproximadamente a 8 km al oeste de la capital del país, Argel, fue construido entre 1954 y 1957, en plena Guerra de Independencia de Argelia. El proyecto cuenta con varios edificios de diferentes escalas. Su estructura más prominente es un gran edificio rectangular que alberga 3000 viviendas, junto con una amplia plaza interior similar a un foro romano y ventanas exteriores inspiradas en los mosaicos que se encuentran en la arquitectura islámica.
Este plan de viviendas sociales tiene una historia compleja, que involucra la integración de los argelinos en el estilo de vida francés, el uso de la arquitectura moderna para desafiar las formas tradicionales de vida musulmana y la transformación de su plaza colectiva en un lugar de protesta y rebelión.
Para comenzar con nuestro resumen del año 2023, exploramos las fascinantes narrativas que destacan la identidad arquitectónica de diversas comunidades por alrededor del mundo. Desde la riqueza de historias hasta la diversidad cultural y valores únicos, estas comunidades locales revelan un carácter arquitectónico distintivo que refleja su singularidad y contribuye a la riqueza global de la arquitectura.
Estas historias exploran una amplia gama de temas, incluyendo diversas y únicas tribus como la Tofinu en República Benín, territorios geográficos complejos como la mina de oro blanco de Polonia y patrimonios urbanos como la isla de Saint-Louis en Senegal. A través de estas narrativas, descubrimos los cautivadores relatos detrás de los edificios y espacios públicos que dan forma a ciertas ciudades y pueblos.
Situada a 270 km al norte de Dakar, la capital de Senegal, y cerca de la frontera con Mauritania, se encuentra la Isla de Saint-Louis. Es una destacada ciudad colonial en África Occidental, conocida por su fusión de arquitectura mediterránea con un clima tropical. Saint-Louis fue fundada por la colonia francesa en 1659 como su primer puesto comercial en la costa atlántica de África. Más tarde se convirtió en la capital de África Occidental Francesa (AOF) y Senegal. Sin embargo, perdió este estatus en 1902, lo que llevó a su declive económico.
Esta compleja historia ha convertido a Saint-Louis en un punto de encuentro para diferentes capas de arquitectura y urbanismo. La isla muestra una forma urbana de cuadrícula con villas de dos pisos, que es típica del urbanismo colonial francés del siglo XIX. Además, cuenta con patios tropicales, balcones sombreados, casas de estilo art déco de los años 20 y edificios cívicos modernos de principios de los años 30. Sin embargo, debido a su aislamiento económico e infraestructural, esta arquitectura y patrimonio urbano se han degradado continuamente. Por lo tanto, busca nuevas intervenciones para la conservación, restauración y readaptación de la ciudad.
Los edificios diseñados para superponer historias y memorias, evocar un sentido de aspiración, definir narrativas culturales y construir una identidad nacional siempre serán importantes en toda sociedad. Cuando las edificaciones tienen este poder para moldear comunidades, impactar en la imagen de una ciudad y cambiar el rumbo del crecimiento socioeconómico, entonces pueden identificarse como icónicas. Aunque el término “icónico” es subjetivo, es un concepto que desafía los límites de la arquitectura en cualquier contexto: exige originalidad espacial, propone tecnologías de materiales innovadoras y requiere una inversión socioeconómica radical para materializarse.
No obstante, dado que las economías de los países en desarrollo en el Sur Global no siempre pueden satisfacer los requerimientos de estas estructuras arquitectónicas, ¿existe un modelo socioeconómico más adecuado para las obras monumentales en este contexto? ¿Pueden aplicarse los principios incrementales de pequeños cambios adaptativos y crecimiento a la aspiración icónica definida de esta arquitectura?
La tierra apisonada es uno de los métodos más antiguos de construcción de muros y sigue ofreciendo un gran potencial para la edificación contemporánea con tierra. Una de las facetas de este potencial radica en la riqueza de sus colores y estratos, que se hacen visibles al retirar los encofrados, revelando un carácter estratificado. Al tratarse de un proceso que implica la compresión capa por capa de grava, arena, limo y arcilla, el aspecto resultante es una estratificación horizontal de tonos tierra, composición material y procesos de curado. Esta colorida apariencia de los muros de tierra apisonada se puede controlar y explorar mediante patrones, texturas, pigmentación y colores naturales de la arcilla, lo que ofrece la oportunidad de ampliar sus límites dentro de la arquitectura.
Las losas de concreto CPC se basan en la tecnología de "hormigón pretensado al carbono", que se originó a partir de un proyecto de investigación a largo plazo realizado por la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zurich Winterthur (ZHAW) y Silidur AG, Andelfingen. Estos paneles están reforzados con finas hebras de carbono pretensadas, lo que les permite ser tres o cuatro veces más delgados y livianos mientras mantienen la misma capacidad de carga que las losas armadas tradicionales.
El enfoque innovador de CPC en la producción de paneles de concreto reduce el uso de materiales en un 75% y minimiza la huella de carbono de la producción de hormigón. ArchDaily entrevistó al profesor Josef Kurath del Departamento de Diseño de Arquitectura e Ingeniería Civil de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zurich (ZHAW), quien colaboró con CPC Construction en el desarrollo de estos paneles de hormigón. Discutimos sus perspectivas sobre la descarbonización de la arquitectura, la inspiración detrás del desarrollo de los paneles CPC, una comparación con el concreto tradicional y el potencial de escalabilidad y accesibilidad en el futuro.
Durante milenios, la madera ha sido uno de los recursos más valorados en la construcción. Mediante procesos de aserrado, fresado y otras técnicas de procesamiento de madera de ingeniería, se obtienen diversas morfologías que se aplican en productos, mobiliario y edificaciones. No obstante, estos métodos suelen alterar las líneas estructurales fundamentales del material. Las fibras pueden abrirse y el patrón de las vetas modificarse; de este modo, mientras que especies como el roble y el cedro son más nobles ante estas transformaciones, otras resultan sumamente difíciles de trabajar. Ante esto, se ha revalorizado el uso de la madera en rollo o en su estado natural —una práctica ancestral visible en las cabañas de troncos—, donde piezas de distintas secciones se superponen para configurar la envolvente de una vivienda. Mediante el diseño, la utilización íntegra de troncos y ramas permite aprovechar sus propiedades mecánicas intrínsecas, promoviendo una alta sustentabilidad estructural. Si bien estas técnicas no son habituales en los sistemas constructivos contemporáneos, las recientes innovaciones tecnológicas están ampliando las posibilidades de la arquitectura en madera.
La tecnología de Seratech, desarrollada por Sam Draper y Barney Shanks, elimina la huella de CO₂ del concreto y reduce las emisiones de carbono en la construcción. Este proceso innovador utiliza sílice, un producto de desecho de los gases de combustión, como un reemplazo de cemento carbono-negativo en el concreto. Al incorporar sílice, la cantidad requerida de cemento Portland se reduce en un 40%, lo que resulta en la producción de concreto carbono-negativo. Esta tecnología revolucionaria ganó el Premio Obel 2022 por su enfoque en las emisiones incorporadas.
El Premio Obel es un premio internacional que promueve la arquitectura al servicio de las personas y el planeta. Seratech fue el cuarto ganador de este nuevo premio internacional por logro arquitectónico, precediendo al 'Living Breakwaters' de SCAPE Landscape Architecture de este año. ArchDaily tuvo la oportunidad de entrevistar a Sam Draper, CEO de Seratech, sobre el papel de la empresa en la construcción de una industria de construcción sostenible y sus planes para escalar su proceso innovador.
El entorno construido es responsable de aproximadamente el 42% de las emisiones globales anuales de CO2. Durante la vida útil de un edificio, la mitad de estas emisiones provienen de su construcción y demolición. Para descarbonizar la arquitectura y controlar las emisiones globales, es importante repensar y reducir el impacto de carbono incorporado en las demoliciones, así como implementar estrategias de construcción sostenible para los edificios. Las demoliciones suelen implicar el desmantelamiento, demolición, destrucción o derribo de edificios y partes estructurales, lo que genera niveles insostenibles de emisiones de carbono, agotamiento de materiales, desperdicio y contaminación. Estos métodos apresurados de finalizar el ciclo de vida de un edificio tienen impactos negativos en el medio ambiente, los componentes materiales y las estrategias de reciclaje. Por lo tanto, existe una clara necesidad de repensar la forma en que abordamos el final de la vida de un edificio o proyecto de infraestructura hacia un sistema de desmontaje más sostenible.