Rayon, una innovadora herramienta de diseño en línea que tiene como objetivo crear un nuevo enfoque colaborativo para el desarrollo de "edificios mundanos" dentro de la ciudad, ha sido seleccionada como parte de las Mejores Nuevas Prácticas de ArchDaily 2023. Fundada en 2021 por Bastien Dolla y Stanislas Chaillou, es un software de diseño colaborativo que reúne a profesionales de las industrias de arquitectura, ingeniería y construcción (AEC). La empresa de software cree que existe una "cultura de lo ordinario" en la arquitectura. Esta cultura representa un ecosistema de edificios que pueden parecer poco destacados o no son hitos impresionantes en la ciudad, sin embargo, estos edificios y sus profesionales de la construcción conforman el 90% del tejido urbano y contribuyen a la cultura del diseño que colectivamente otorga identidad a la ciudad. Los fundadores creen que las generaciones anteriores de software han descuidado esta cultura y proponen Rayon como una nueva herramienta para llenar esa brecha mediante la mejora de la colaboración y la ergonomía del usuario.
África tropical cuenta con extensos bosques que cubren 3.6 millones de kilómetros cuadrados de tierra en África occidental, oriental y central. Estos bosques proporcionan valiosos recursos madereros que impactan significativamente en sectores como la industria del mueble, el combustible y el papel. Sin embargo, curiosamente, la madera parece estar ausente en la arquitectura contemporánea de los países de esta región. Si bien el gusto arquitectónico juega un papel, las principales razones de esta ausencia se pueden atribuir a la incapacidad de las industrias madereras para cumplir con los requisitos de disponibilidad, asequibilidad, atractivo estético, durabilidad y desempeño climático y estructural de la madera. La industria maderera en África tropical está compuesta principalmente por operaciones informales y de pequeña escala, enfocadas principalmente en el aserrado de troncos en lugar de refinar la madera para fines arquitectónicos o estructurales. A pesar de esto, el gran número de empresas informales en la región presenta una oportunidad para remodelar la industria de la madera y utilizar los recursos forestales locales para construir edificios de madera.
La protesta siempre ha sido una herramienta poderosa para generar cambios, y los espacios públicos ofrecen una plataforma para la participación social en las sociedades. En el marco del Día Internacional de la Democracia, analizamos a África, su serie de protestas emergentes durante el último año y cómo la ciudadanía de diversos países cuestiona la justicia política, exige mejores condiciones de vida a sus gobiernos y debate sobre la soberanía de sus naciones. Con manifestaciones que van desde marchas organizadas a gran escala hasta estallidos espontáneos más pequeños, los y las habitantes de estos países han ocupado los espacios públicos de maneras simbólicas y significativas para amplificar sus voces. Estos espacios abarcan plazas públicas con un profundo significado cultural e histórico, entornos de edificios políticos o zonas de protesta improvisadas, como calles y áreas abiertas. De este modo, las ciudades africanas demuestran cómo las personas se apropian de estos lugares y cómo no se puede ignorar el poder de su congregación a la hora de desentrañar la esencia democrática del espacio público.
La madera ha sido una fuente popular de material de construcción durante miles de años. A través de procesos de aserrado, fresado y otros procesos de conversión de madera, se han creado y aplicado diversas formas de madera en productos, muebles y arquitectura. Sin embargo, estos procesos a veces pueden alterar las líneas básicas de la estructura de la madera. Los tallos pueden dividirse, los patrones de grano pueden cambiar y algunas maderas, como el roble y la secoya, se reducen fácilmente mientras que otras pueden volverse intratables. Esto llevó a la exploración de formas de madera entera en estructuras antiguas, como las cabañas de troncos, que superponían madera en diferentes secciones transversales para formar perfiles de vivienda. A través del diseño, el uso de troncos o ramas de árboles en su totalidad puede acentuar sus propiedades mecánicas innatas para la sostenibilidad estructural. Aunque estas prácticas están bastante ausentes en las técnicas de construcción contemporáneas, las nuevas innovaciones tecnológicas expanden las perspectivas de la construcción con madera en la arquitectura.
El concepto de ciudad puede entenderse como un sistema en constante evolución donde tanto los/las arquitectos/as como los/las usuarios/as contribuyen a su diseño y rediseño. Si bien su estructura inicial puede surgir de planificadores/as o diseñadores/as, el carácter del tejido urbano es moldeado, en última instancia, por las sociedades y generaciones que lo habitan. La cuestión de la "autoría de la ciudad" surge a menudo en el contexto del diseño de planes maestros. ¿Pueden los/las arquitectos/as y planificadores/as urbanos/as determinar hasta qué punto evolucionará una ciudad a partir de su diseño inicial? La respuesta es no. En este sentido, la autoría de los/las usuarios/as reconoce que la planificación urbana no debe abordarse como el diseño de un edificio, en el cual los/las diseñadores/as intentan predecir cada aspecto de la forma, el patrón, el comportamiento y la cultura. Por el contrario, reconoce el papel que desempeñan las personas en la configuración del tejido urbano a través de sus gustos arquitectónicos personales, el desarrollo de la identidad de los barrios y un rediseño continuo que contribuye a la historia y el espíritu del lugar. Estos factores deberían considerarse en el diseño inicial mediante la incorporación de ideas vinculadas a la expansión futura, la infraestructura adaptable y el empoderamiento de la ciudadanía para contribuir a la arquitectura de la ciudad, logrando así un diseño urbano democrático. Este artículo explora propuestas de ciudades radicales y conceptuales donde los/las diseñadores/as adoptan las ideas de la autoría de los/las usuarios/as y la evolución constante de la arquitectura efímera.
Nuestra vida cotidiana implica una comunicación constante con la ciudad. A medida que nos desplazamos por diferentes espacios, nos planteamos preguntas como "¿Dónde estoy ahora?", "¿Hacia dónde voy?", "¿Qué estoy buscando?", "¿Para qué sirve este edificio?" y "¿Cómo experimento este espacio?". Aunque los encuentros espaciales puedan parecer intuitivos, el diseño gráfico ambiental (EGD) ofrece las respuestas al funcionar como una interfaz clave entre las personas y el entorno construido. Este campo abarca el diseño de elementos gráficos que se integran con el diseño arquitectónico, paisajístico, urbano y de interiores para lograr que los espacios sean más informativos, fáciles de navegar y memorables. El EGD consta de tres elementos principales: texto, forma y color. Mientras que el texto y las formas suelen encapsular la información gráfica, el color la proyecta, la amplifica y ayuda a comunicarla dentro de los saturados escenarios urbanos. En las experiencias espaciales, percibimos los colores en primer lugar, ya que nuestros sentidos registran principalmente sensaciones visuales. Por lo tanto, el uso estratégico del color es fundamental para que la gráfica ambiental proporcione una experiencia multinivel que integre imágenes de identidad, sentido de lugar y conexión emocional.
Las culturas de las sociedades africanas están intrínsecamente vinculadas al color. Desde telas hasta ropa, productos, esculturas y arquitectura, diversas sociedades exploran colores ricos y vibrantes que son vivos, expresivos y alegres. A través de diferentes tonalidades, matices, contrastes, motivos y ornamentaciones, los colores son entendidos como un lenguaje no hablado, una paleta para contar historias y un sentido de identidad cultural. Aunque el uso del color en las sociedades africanas puede parecer decorativo en la superficie, es extremadamente simbólico, con un profundo sentido histórico detrás de él. La arquitectura tradicional africana es un ejemplo destacado. Las sociedades étnicas han dotado a sus hogares de color a través de ornamentos y motivos, lo han expresado con patrones religiosos y culturales, lo han empleado en las fachadas para contar historias familiares y han creado laberintos de arquitectura comunal que no solo celebran el color, sino que exploran su significado étnico.
El arte siempre ha sido un medio para que las personas se conecten con el espacio, y los movimientos artísticos han servido como plataforma para explorar nuevas relaciones con la arquitectura. Al incorporar el arte en los edificios y espacios interiores, estos se han transformado, dando como resultado una fusión que crea entornos bellos, inspiradores y espiritualmente enriquecedores. A lo largo de la historia, diversos movimientos artísticos —como el Renacimiento en el siglo XVII, el Barroco en el siglo XVIII, y el Art Nouveau, el Art Déco y la Bauhaus a principios del siglo XX— han tenido un impacto significativo en la arquitectura. Los/las arquitectos/as se inspiraron en los ideales, conceptos, enfoques estilísticos y técnicas de estos movimientos, utilizándolos para crear estructuras habitables a gran escala. Dado que el hogar es una expresión fundamental de un movimiento arquitectónico y el lienzo más simple para exhibir el ethos artístico de una época en particular, el estudio de los espacios interiores de las viviendas ofrece una imagen detallada de la influencia del arte en la organización espacial, el diseño de mobiliario, los patrones de los objetos y la interacción de los/las usuarios/as.
El graffiti, como forma de arte, tiene una relación compleja con la gentrificación. Por un lado, ha involucrado las calles y la estructura urbana como un lienzo para que las personas se expresen cultural y socio-políticamente. Esta expresión puede ser una forma de rebelión de minorías étnicas y grupos desfavorecidos en ciertos vecindarios, o puede generar un sentido de singularidad cultural y expresión social, dando a un vecindario un carácter positivo y atrayendo a nuevos residentes. Sin embargo, a lo largo de los años, este último ha sido un agente de gentrificación, aumentando los valores de las propiedades para acomodar a residentes más ricos y alienando a las comunidades nativas de esos vecindarios.
En ciertos casos, los artistas reconocen su papel en este esquema urbano y ajustan su forma de arte a través de su estilo, mensaje, ubicación y acción como formas directas de protesta para luchar contra la gentrificación. Desde Brixton, Shoreditch y Hackney en Londres, hasta Williamsburg y Bushwick en Nueva York, y el Canal Saint-Denis y Belleville en París, el uso del graffiti en los paisajes urbanos de estos vecindarios puede protestar o inspirar diferentes formas de desarrollo.
Existen momentos en que los arquitectos llevan el proceso de diseño más allá de su práctica y se involucran con los posibles usuarios como participantes del diseño. Esto expande el marco de diseño y hace que la contribución de los futuros usuarios sea clave para el desarrollo del proyecto. Al buscar el conocimiento, las habilidades y la toma de decisiones de un colectivo comunitario, el proyecto se adapta más a sus necesidades, se diseña mejor para encajar en su contexto local y se convierte en una plataforma para intercambiar técnicas y habilidades vernáculas. También crea un sentido general de pertenencia en las comunidades y otorga a los usuarios la autoridad para reclamar el entorno que los rodea.
El diseño participativo es un proceso que se puede aplicar a todas las escalas de la arquitectura, desde casas y oficinas hasta espacios públicos e intervenciones urbanas. Al examinar varios proyectos a través de la colaboración comunitaria con los arquitectos, obtenemos una comprensión más profunda del valor que tiene este proceso de diseño. Se desglosan los principios teóricos de colaboración, co-creación y empoderamiento participativo en ejemplos concretos y eventos pragmáticos. Estos proyectos ejemplifican las contribuciones de los usuarios al proceso de diseño, ya sea a través de la planificación espacial y urbana o de técnicas de construcción materiales y locales.
Willow Technologies es una práctica de investigación de materiales y tecnología de construcción que ha sido seleccionada como parte de las Mejores Nuevas Prácticas de ArchDaily 2023. Fundada por la diseñadora y científica arquitectónica ghanesa-filipina Mae-Ling Lokko, opera en el campo de la investigación, desarrollo y difusión de materiales de construcción de base biológica. Trabajar con residuos agrícolas y materiales de base biológica usualmente plantea preguntas técnicas sobre escalabilidad, producción industrial, estandarización, resistencia al fuego y resistencia mecánica. Willow Technologies se sitúa en la exploración de estos datos, pero peculiarmente a través de la lente de las regiones en desarrollo de África Occidental. A través de trabajos exhaustivos con coco, moringa, arroz y otros cultivos autóctonos, la práctica de Lokko ha logrado investigar y catalogar las características de diferentes cultivos, sus posibles productos derivados, técnicas de transformación local, y perspectivas y desafíos de adaptabilidad como materiales de construcción.
En Lagos, una ciudad con un complejo tejido urbano que incluye edificios históricos y vastas interpretaciones de arquitectura contemporánea, se encuentra PatrickWaheed Design Consulting (PWDC). Esta práctica de diseño, liderada por Adeyemo Shokunbi, tiene como objetivo contribuir a un lenguaje arquitectónico nigeriano a través del renacimiento de materiales locales. A través de exploraciones basadas en laterita local, han desarrollado el material como una técnica de acabado moderna, han investigado su potencial como tinte natural, descubierto nuevas formas de emplear sus propiedades térmicas y ahora construyen la perspectiva de investigación de otros materiales locales. Tuve la oportunidad de hablar con el arquitecto Shokunbi, quien discutió las inspiraciones iniciales e investigaciones durante la construcción de dos proyectos de construcción (Mad House y Mezquita de Abijo) en Lagos. Estos proyectos dieron vida a la técnica de acabado de laterita y ahora ayudan a construir el caso de un lenguaje arquitectónico nigeriano.
India recientemente superó a su vecino subcontinental, China, para convertirse en el país más poblado del mundo con una demografía de más de 1.4286 mil millones de personas. Según datos de las Naciones Unidas, también se estima una tasa de crecimiento de la población anual del 0.7%, el entorno construido del país está listo para interactuar con un nuevo discurso demográfico y presentar su propia perspectiva sobre cómo construir para miles de millones. Está listo para enfrentar nuevos desafíos de infraestructura, transporte y vivienda adecuada, lo que superficialmente obligará a las ciudades a expandirse constantemente como respuesta a estas necesidades dinámicas. Sin embargo, una mirada crítica a la distribución de la población dentro del país revela que la mayoría de los indios todavía viven en áreas rurales ya que atiende al 65% de la población a pesar del aumento de la migración rural-urbana. Esto sugiere un empujón en una dirección diferente. Una en la que el diseño y desarrollo de las áreas rurales tomen precedencia sobre las ciudades. Una que explore la arquitectura en áreas rurales, su relación con las ciudades y su futuro como marco principal para albergar a la población en crecimiento.
Las intersecciones de autopistas han evolucionado de infraestructuras importantes que ayudan a distribuir el tráfico a hitos únicos que definen ciudades. A medida que múltiples redes de carreteras abrazan y forman esculturas distintivas, estas intersecciones de carreteras van desde conexiones de puentes individuales y rotondas hasta numerosos intercambios. Giran, doblan, se enroscan y se envuelven alrededor de terrenos dispersos, vegetación o estructuras existentes en un intento de transferir viajeros de una carretera a otra. Sin embargo, también crean un momento de cierre, formando áreas parcialmente delimitadas y una sensación de espacio. Estos espacios podrían considerarse liminales y de transición, sin una tipología fija que pueda albergarse. Pero ese carácter difuso llama a ideas de intervención urbana para interrumpir la noción de lo que pueden ser estos espacios. Pueden readaptarse de esculturas dominadas por los automóviles en lugares más amigables para los seres humanos y reintegrarse como esquemas extendidos de la arquitectura de la ciudad.
Al recorrer visualmente la ciudad, es posible detectar estructuras que rompen el ritmo de las obras arquitectónicas terminadas. Se trata de edificios envueltos en rejillas de secciones metálicas o de madera, a veces cubiertos con redes de colores, que revelan un momento de construcción, reparación, renovación o demolición. Conocidos como sistemas de andamios, estas estructuras temporales se instalan en el espacio urbano para facilitar la edificación o el mantenimiento de los inmuebles. No obstante, han evolucionado hasta desarrollar un lenguaje arquitectónico propio. Dado que la construcción de la ciudad es un proceso continuo, los andamios funcionan como faros que sugieren las siluetas, alturas y volúmenes de las nuevas edificaciones. Al invadir las aceras, actúan como sombra o como obstáculos para el flujo peatonal y vehicular. Frente a la permanencia de la arquitectura, estas estructuras exhiben una cualidad temporal que ayuda a registrar el paso del tiempo, el crecimiento de los barrios y la evolución urbana.
En el sur de Burkina Faso, compartiendo fronteras con el norte de Ghana, se encuentra Tiébélé, un pequeño pueblo que exhibe patrones fractales de edificios circulares y rectangulares, que albergan a uno de los grupos étnicos más antiguos de África Occidental: la tribu Kassena. Con casas vernáculas que datan del siglo XV, los edificios del pueblo tienen un carácter distintivo gracias a sus paredes pintadas llenas de símbolos. Es una arquitectura de decoración de paredes en la que la comunidad utiliza su envoltura de construcción como lienzo para formas geométricas y símbolos del folklore local, expresando la historia y el patrimonio único de la cultura. Esta arquitectura es el producto de una forma única de colaboración comunal, en la que todos los hombres y mujeres de la comunidad tienen la tarea de contribuir a la construcción y acabado de cualquier casa nueva. Esta práctica sirve como punto de transmisión de la cultura Kassena a través de generaciones.
La recuperación de tierras del mar se ha convertido en un fenómeno popular en el desarrollo costero. Es la solución más preferida para la necesidad de tierra en áreas costeras y se ha implementado para diversos casos de uso, incluyendo el control de inundaciones y la agricultura. Hoy en día, se ha convertido en una famosa respuesta urbana al rápido aumento de la urbanización costera, la actividad económica y la población global. Países como China y los Países Bajos lideran la lista en la cantidad de superficie terrestre recuperada. Sin embargo, la mayoría de los proyectos de recuperación hoy en día tienen lugar dentro de los centros urbanos en el sur global. Las ciudades de África Occidental, Asia Oriental y Oriente Medio producen estas nuevas tierras como líderes económicos para su industria comercial y como plataformas para albergar residencias de lujo.
Pero la relación entre el diseño y la producción de tierras recuperadas y la respuesta del agua en los entornos oceánicos es compleja. Requiere una relación simbiótica con los cuerpos de agua para la estabilidad, pero puede provocar fuerzas naturales cuando se imponen negligentes en el mar. Los comportamientos del agua del océano, incluyendo la acumulación de mareas, el aumento del nivel del mar, la conexión con los humedales y la biodiversidad acuática, pueden cuestionar el éxito o el fracaso de los proyectos de recuperación de tierras en diferentes contextos.
A medida que se recorre la sinfonía de columnatas de madera, pantallas de follaje y cubiertas desplegadas, hacia las venas convergentes del suelo y los nervios del techo que conducen a la luz, se percibe como un espacio que siempre debió estar allí. Como parte del parque, el pabellón complementa la naturaleza que lo rodea, reflejando sus patrones, e ilumina un elemento interior principal: un conjunto concéntrico de mesas y banquetas que invitan a las personas a sentarse en el momento, entablar conversaciones y conectar entre sí. Esta narrativa cuenta la historia del Serpentine Pavilion de este año, diseñado por la arquitecta francolibanesa Lina Ghotmeh.
Bajo el título À table, la propuesta se inspira en la relación de la diseñadora con la naturaleza durante su infancia y evoca el llamado francés a sentarse juntos a la mesa, compartir una comida y entablar un diálogo. Pone en primer plano la mesa como un laboratorio de ideas, inquietudes, alegrías y conexiones, y, en esencia, reúne a las personas. Asimismo, reflexiona sobre los ideales arquitectónicos que pueden propiciar y acoger momentos de conversación colectiva.