
El descubrimiento del fuego fue uno de los grandes acontecimientos que cambió la organización social de las agrupaciones humanas, las cuales pasaron paulatinamente del nomadismo al sedentarismo. El fuego, que en aquel contexto servía para mantener abrigadas a las personas y proteger al grupo, también comenzó a ser explorado como fuente de cocción de alimentos, lo que no solo cambió los hábitos alimentarios de los seres humanos, sino que además posibilitó la conservación de víveres, alterando la organización social de las comunidades. La preparación y las comidas eran actos colectivos que reunían a las personas para alimentarse, calentarse y protegerse. De este hábito heredamos la práctica de los grandes banquetes y la valoración de la alimentación y del momento de la comida. La preparación de los alimentos, en cambio, fue quedando paulatinamente marginada.
Mientras que egipcios, asirios, fenicios, persas, griegos y romanos compartían la costumbre de realizar grandes banquetes, la preparación de la comida perdía cada vez más prestigio y su dimensión social colectiva, hasta ser físicamente segregada en una habitación específica: la cocina.


































