
Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge.
Por si no lo habían notado, nuestro mundo sigue sufriendo, tras dos años, espasmos culturales en respuesta a agentes infecciosos invisibles, implacables y mortales que continúan azotando a poblaciones enteras, sembrando miedo, enfermedad y muerte.
Estados Unidos también está sufriendo una plaga arquitectónica más silenciosa —pero igual de invasiva— que está haciendo metástasis en todos los rincones del país. Este contagio arquitectónico ha eludido en gran medida las críticas; sin embargo, desde la popularización del raised ranch, ningún "tipo" arquitectónico había transformado tan profundamente a las comunidades. En la década de 1950, miles y miles de alusiones simplificadas a las casas estilo Pradera arrasaron como un incendio forestal sobre los campos de cultivo suburbanos en desuso. Más allá del estilo, el nivel inferior semienterrado y los pisos divididos (separados por tramos de media escalera) representaron una nueva forma de explorar cómo la edificación podía albergar a las personas, especialmente en un país en rápida suburbanización.
