
Etimológicamente, la palabra balcón viene del italiano balcone: “plataforma saliente de un cuarto superior en la fachada de un edificio, rodeada de una barandilla”, y la palabra italiana balcone viene del germánico (longobardo) balko, que significa viga. Y así es como se los conoce, como pequeños recintos que cuelgan de las fachadas de los edificios, pero la realidad es que su significado, su simbolismo y su importancia para el desarrollo de nuestras vidas van mucho más lejos.

En muchas partes de España, en el siglo XVIII, se impuso la incorporación obligatoria del balcón en el diseño de viviendas para reemplazar a las ventanas. Las mismas estaban pensadas para contemplar desde adentro lo que pasaba en las calles (procesiones y protestas, por ejemplo) y solían tener incorporados dos asientos laterales conocidos como “festejadores”. Los habitantes se sentaban allí y admiraban lo que sucedía afuera cómodamente desde sus casas: la relación interior-exterior no existía.

























