
Este artículo fue publicado originalmente en Common Edge.
Hace aproximadamente una década, el término "planificación de la resiliencia" se volvió omnipresente en los círculos climáticos. Ese cambio, surgido a raíz de acontecimientos cada vez más impredecibles, fue impulsado en parte por el programa 100 Ciudades Resilientes de la Fundación Rockefeller, una iniciativa de seis años y 160 millones de dólares destinada a establecer responsables de resiliencia en ciudades de todo el mundo. De aquel programa, que finalizó en 2019, surgió su sucesor, Resilient Cities Catalyst (RCC), una organización sin fines de lucro con sede en Nueva York dedicada a lo que denomina proyectos de "fortalecimiento de capacidades". Con motivo de la Semana del Clima, conversé con Sam Carter, uno de los directores fundadores de RCC, sobre su definición de resiliencia, el método de planificación y filantropía de la organización, y el desafío de escalar los esfuerzos climáticos.







