
-
Arquitectos: Earthscape Studio
- Área: 380 ft²
- Año: 2026







El valor de la artesanía en los interiores contemporáneos radica cada vez más en la manera en que se unen los materiales y se relacionan entre sí. A medida que crece el apetito por remodelaciones rápidas, económicas y rentables, surge también un deseo paralelo de interiores que se perciban resueltos con esmero: espacios donde los detalles estén integrados, los ensambles de materiales sean meditados, las transiciones de texturas tengan una intención clara y los herrajes se traten como parte del lenguaje arquitectónico y no como un añadido de último momento. En muchos interiores chinos contemporáneos, la artesanía opera de manera silenciosa a través del tratamiento de superficies y estructuras: madera que conserva su irregularidad, terrazo que deja registro de los agregados y el trabajo manual, o acabados que revelan el esmero de su ejecución.
Esto resulta especialmente importante en una época en la que las imágenes digitales premian cada vez más la uniformidad. Los renders de interiores suelen mostrar espacios continuos, sin fricciones y terminados incluso antes de que comience la obra. La artesanía viene a complejizar esta imagen. Introduce tolerancia, textura, resistencia material y la sensación de que una superficie ha pasado por manos humanas antes de convertirse en arquitectura. La imperfección no es necesariamente un fallo de precisión; para el ojo entrenado que sabe leerla, puede convertirse en la evidencia de un proceso.

Entre los siglos XVIII y XIX, viajar por Roma, París, Venecia, Florencia y otras ciudades europeas se consideraba una parte esencial de la formación de los/las arquitectos/as recién graduados/as. En una época en la que el acceso a fotografías y publicaciones era sumamente limitado, estos viajes constituían la principal vía para experimentar la arquitectura de cerca. A principios del siglo XX, Le Corbusier reinterpretó esta tradición a su manera: a los 23 años, se embarcó en el *Voyage d'Orient* (Viaje al Oriente), recorriendo los Balcanes, Estambul y Atenas, y elaborando cuadernos de viaje a los que volvería durante toda su vida.

sauerbruch hutton y Studio Gang han sido seleccionados para renovar la German House en Nueva York tras un concurso internacional organizado por la República Federal de Alemania. Ubicado en United Nations Plaza en Manhattan, el edificio alberga el Consulado General de Alemania, la Misión Permanente de Alemania ante las Naciones Unidas y varias instituciones culturales afiliadas. El proyecto marca la primera colaboración entre ambas firmas. sauerbruch hutton, con sede en Berlín, asumirá el diseño principal, mientras que Studio Gang actuará como planificador general y arquitecto de registro, supervisando la entrega e implementación del proyecto. La propuesta se centra en la reutilización adaptativa del edificio existente, con el objetivo declarado de prolongar su vida útil y mejorar al mismo tiempo su rendimiento operativo y ambiental.


Las noticias de esta semana se centraron, en su mayor parte, en fenómenos de gran escala espacial y social. En América Latina, continúan las labores de rescate tras el terremoto de magnitud 7.4 en Colombia, mientras la disciplina prepara esfuerzos de asistencia y reconstrucción. La UNESCO conmemoró dos días internacionales dedicados a los pueblos indígenas del mundo y a la juventud. En el primero, destacamos reflexiones, estudios de caso y entrevistas sobre el conocimiento constructivo ancestral, mientras que en el segundo llamamos la atención sobre cómo la arquitectura puede responder a las aspiraciones de las nuevas generaciones. De cara al futuro, destacamos tres proyectos en Vlorë, Chicago y Qiddiya City: dos torres diseñadas por OODA y SOM, y un centro de tenis cubierto de vegetación presentado por Populous.

El paisaje arquitectónico de Hungría pasó las décadas socialistas siendo rediseñado desde arriba, con sus granjas cooperativas consolidadas a partir de parcelas familiares y sus bloques de vivienda estandarizados distribuidos por el territorio en un formato que habría sido idéntico en cualquier otra parte. La socióloga Virág Molnár, cuyo libro Building the State rastrea los usos políticos de la arquitectura en la Hungría y la Alemania Oriental de posguerra, sostiene que esta reconfiguración del entorno construido fue uno de los instrumentos principales del proyecto político y no un mero subproducto de este; una movilización que se extendió a lo largo de la modernización socialista y continuó en la transición posterior. Por su parte, el crítico británico Owen Hatherley, cuya obra Landscapes of Communism explora los conjuntos habitacionales de Budapest junto con los de Varsovia y Kiev, describe el extremo final de ese mismo legado, donde los edificios han sobrevivido a la ideología que los encargó y siguen estando habitados por personas con muy poco interés en defender los argumentos que los originaron.

