
Escapar es una fantasía y un deseo largamente anhelados. A través de la literatura, el cine y la música, se han creado viajes imaginarios, mundos posibles y escenarios para el disfrute. Es precisamente esa fantasía la que alimenta una tipología arquitectónica específica: el hotel. En un contexto de creciente cuestionamiento hacia el turismo, los costos climáticos de los viajes y la competencia y las externalidades asociadas a los alquileres temporarios, esa fantasía adquiere formas aún más sorprendentes. Un hotel ya no es solo un lugar de alojamiento, sino un espacio de disfrute que puede abarcar una amplia gama de actividades, como el entretenimiento, la relajación, el encuentro gastronómico e incluso el trabajo. Esta diversidad de conceptos adopta formas orgánicas e imponentes en los siete proyectos no construidos compilados en este artículo, que van desde hoteles urbanos hasta resorts de playa.






















