
Al examinar la evolución del habitar a lo largo de la historia, se revela que los conceptos de espacio, tiempo, identidad y hogar se extienden mucho más allá de la arquitectura misma. Desde principios del siglo XX hasta el presente, el desarrollo humano ha estado marcado por transformaciones económicas, sociales, culturales y tecnológicas que se aceleran de forma constante. Los avances en las tecnologías de la información y la comunicación han propiciado un mundo de conectividad constante, un fenómeno que, en ocasiones, puede desconectar a las personas de los espacios físicos que habitan. En medio de un flujo cada vez mayor de estímulos, interacciones y plataformas digitales, el habitar compartido a través de múltiples escalas y programas arquitectónicos se presenta tanto como un desafío como una oportunidad para reconectar a las personas con su entorno mediante estrategias de diseño que respalden la libertad de movimiento y la flexibilidad que exige la vida contemporánea.









