Jardín Botánico Guangzhou Yunxi / AECOM + Architectural Design & Research Institute of SCUT + Guangzhou Landscape Architectural Design & Research Institute . Imagen cortesía de AECOM
En Hong Kong, donde la arquitectura suele estar impulsada por la lógica inmobiliaria, la infraestructura y un desarrollo acelerado, el espacio para la experimentación cívica a escala humana puede ser sorprendentemente estrecho. Es aquí donde Design Trust ha logrado distinguirse. Como plataforma de financiamiento y facilitación de proyectos, apoya intervenciones espaciales que se sitúan entre la arquitectura, la investigación y la programación pública; un trabajo que a menudo resulta demasiado modesto, colectivo o incierto para encajar dentro de los canales convencionales de la relación cliente-arquitecto/a.
En el centro de esta labor se encuentra Marisa Yiu, cuyo liderazgo posiciona a Design Trust tanto como agente facilitador como actor cultural. A través de iniciativas como Micro-Parks Hong Kong, junto con exposiciones y programas públicos, la organización aborda el discurso y la creación de prototipos como formas de agencia espacial, vinculando a diseñadores/as, comunidades, instituciones y debates sobre políticas públicas, al tiempo que prioriza cuestiones de gestión, mantenimiento y la "vida posterior" del espacio público.
En nuestras ciudades actuales, la densidad urbana y el encarecimiento del suelo suelen obligar a elegir entre edificios cívicos a gran escala y espacios públicos abiertos. Tradicionalmente, las plazas se concebían como áreas que rodeaban la huella de una edificación; sin embargo, esta estrategia se transformó con la introducción de los pilotis por parte del movimiento modernista de principios del siglo XX. Si bien la intención original era crear una sensación de ligereza que permitiera la circulación y el paso de la luz bajo la estructura, las exigencias contemporáneas de carga sísmica, vías de evacuación de incendios y alta ocupación hacen que las columnas delgadas resulten insuficientes para las necesidades de los proyectos cívicos actuales a gran escala.
Con todo, la búsqueda de la ligereza arquitectónica no es un fenómeno estrictamente contemporáneo. Tras la introducción modernista de los pilotis, diversos proyectos de mediados de siglo comenzaron a experimentar con la ilusión de la suspensión para lograr la transparencia cívica. En 1953, el Congreso Nacional de Honduras en Tegucigalpa, diseñado por Mario Valenzuela, aplicó estos principios a un entorno legislativo. El edificio consta de un hemiciclo sólido elevado sobre una serie de esbeltas columnas. Debido a que el terreno se ubica sobre una terraza al final de una calle en pendiente, el vacío resultante hace mucho más que facilitar la circulación: enmarca las vistas de la ciudad y genera la impresión de que la pesada masa legislativa flota sutilmente sobre el tejido urbano.
Durante siglos, la infraestructura a gran escala operó en un segundo plano. Los puertos, las centrales eléctricas y las instalaciones de energía se ubicaban en las periferias urbanas, diseñados principalmente en función de la eficiencia y rara vez considerados parte de la vida cívica. Aunque su función era indispensable, su presencia arquitectónica seguía siendo secundaria. Estas estructuras daban soporte al crecimiento urbano y al intercambio global, al tiempo que mantenían una distancia espacial respecto a la experiencia urbana cotidiana.
Hoy en día, esta condición se está transformando paulatinamente. A medida que el comercio global se intensifica y los sistemas energéticos ganan en complejidad, los edificios que coordinan y albergan estas redes cobran una mayor visibilidad dentro del paisaje urbano. En lugar de permanecer como contenedores neutros de operaciones técnicas, comienzan a reivindicar una identidad espacial. La infraestructura ya no es meramente operativa; adquiere, cada vez más, un carácter institucional, simbólico y urbano. Así, la arquitectura que sustenta estos sistemas ahora participa activamente en la forma en que las ciudades se proyectan a sí mismas.
Las ciudades de todo el mundo comparten un objetivo común: volverse más saludables y verdes, con el respaldo de una infraestructura cívica que restaure los ecosistemas y fortalezca la vida pública. La gran pregunta es cómo lograrlo. Los objetivos climáticos globales, los códigos de edificación locales y las normativas municipales orientan cada vez más a quienes diseñan y planifican hacia mejores decisiones. Sin embargo, muchas ciudades aún luchan por traducir estos marcos de referencia en confort cotidiano a nivel de calle y en una protección ecológica a largo plazo. ¿Qué sucedería si la ciudad ya no fuera tratada como una urbe tradicional, sino como un parque nacional?
Los parques nacionales operan mediante sistemas de protección que abordan el territorio como una red de relaciones ecológicas, y no como una simple colección de sitios aislados. Establecen una base común para lo que debe preservarse, mantenerse y hacerse accesible a lo largo del tiempo. Al aplicar esta lógica al entorno urbano, el éxito del modelo puede inspirar orgullo y un sentido de responsabilidad compartida entre los/las diseñadores/as, los/las formuladores/as de políticas y los/las residentes, fomentando un compromiso colectivo con la salud, el hábitat y la infraestructura cívica.
La búsqueda de una ciudad ideal ha sido durante mucho tiempo un tema de debate entre profesionales de la arquitectura y el urbanismo. Además de la identidad estética y el patrimonio cultural, la calidad de vida en cada ciudad representa quizás el aspecto más importante en esta búsqueda. Este año, la Economist Intelligence Unit (EIU), una empresa hermana de The Economist, ha publicado su Índice de Habitabilidad Global 2024, destacando las ciudades que sobresalen en esta investigación en curso. Por tercer año consecutivo, Viena fue clasificada como la ciudad más habitable del mundo. Las ciudades europeas como Copenhague, Zúrich y Ginebra también ocupan un lugar destacado, lo que se atribuye a sus poblaciones más pequeñas, contribuyendo a menores tasas de criminalidad y una menor congestión. En comparación con el ranking del 2023, las cifras de las ciudades de América del Norte y Australia se han visto arrastradas a la baja por la actual crisis inmobiliaria.
La evaluación clasifica 173 ciudades de todo el mundo. Cada ciudad recibe una puntuación basada en 30 factores cualitativos y cuantitativos que evalúan 5 categorías: estabilidad, atención médica, cultura y medio ambiente, educación e infraestructura. Las puntuaciones se basan en puntos de datos externos, analistas internos y colaboradores locales. La categoría de estabilidad ha registrado el mayor declive, a medida que aumentaron las protestas y los conflictos armados. En el fondo de la lista, la ciudad de Damasco, Siria, sigue siendo clasificada como la ciudad menos habitable en la encuesta, seguida por Trípoli, Libia, reflejando una grave inestabilidad.
Entre el 25 de abril y el 1 de mayo de 2024, Logroño acogió la décima edición de Concéntrico, una celebración de la innovación y la transformación urbana. Este año, el festival exploró el futuro de las ciudades, incorporando nuevos formatos, atrayendo a audiencias diversas y abordando los desafíos urbanos a través del tiempo como catalizadores de un cambio en el diseño. Con 20 intervenciones y actividades que involucraron a más de 100 profesionales de 17 países, el programa abarcó procesos como la renaturalización de espacios públicos, la reimaginación de estructuras urbanas e la integración de materiales reciclados de ediciones anteriores.
Además, colaboraciones con centros educativos garantizaron un impacto duradero más allá del festival, fomentando nuevas prácticas colectivas en espacios públicos. Proyectos especiales con Matali Crasset y Maider López enriquecieron aún más el compromiso del festival con las comunidades en toda España.
El Instituto Americano de Arquitectos (AIA) nombró a Carol Ross Barney, FAIA, como ganadora de la Medalla de Oro AIA 2023, el galardón anual de mayor categoría de la institución. El premio reconoce y aplaude el enfoque de Carol Ross Barney en la excelencia del diseño, la responsabilidad social y la generosidad. A través de sus proyectos transformadores, Barney se ha esforzado por hacer del mundo un lugar mejor y, desde el punto de vista del jurado, ha dejado “una huella indeleble en la profesión”.
Debajo de la esfera geodésica de Spaceship Earth y la exhibición de culturas mundiales que simbolizan el EPCOT de Disney World hay una visión de una ciudad utópica. La propuesta original de EPCOT —una comunidad construida en torno a la innovación— fue uno de los últimos proyectos visionarios de Walt Disney. Preocupado por la aleatoria expansión urbana, a Disney se le ocurrieron ideas audaces para un tejido urbano que impulsaría el progreso en Estados Unidos. El Experimental Prototype Community of Tomorrow (Prototipo Experimental de la Comunidad del Mañana) fue el antídoto de Walt Disney contra la decadencia de las ciudades estadounidenses.
Liam Young es un arquitecto especulativo, diseñador de productos y director que opera en los espacios entre el diseño, la ficción y los futuros. Se especializa en el diseño de entornos para la industria del cine y la televisión, bajo la convicción de que crear mundos imaginarios nos otorga la capacidad de conectarnos emocionalmente con las ideas y los desafíos de nuestro futuro.
Después de siglos de colonización, globalización y períodos interminables de extracción económica y expansionismo, los humanos han reconstruido el mundo desde la escala de la célula hasta la placa tectónica. Young sugiere en una charla de TED: “¿Qué pasaría si revirtiéramos radicalmente esta expansión planetaria? ¿Qué pasaría si nosotros, como humanos, llegamos a un consenso global para retirarnos de nuestra vasta red de ciudades y cadenas de suministro enredadas a una metrópolis hiperdensa que albergue a la totalidad de la población de la tierra?
La galardonada firma Jan Kattein Architects con sede en Londres utilizan sus diseños arquitectónicos para materializar oportunidades cívicas y espaciales. De esta manera, busca establecer un legado social y físico, logrado mediante la adopción de un proceso de diseño abierto e interactivo que responda positivamente a las necesidades y aspiraciones de los clientes.
Al permitir que el proceso impulse cada proyecto individualmente, su método fomenta la arquitectura innovadora, buscando agregar beneficios a través de la educación, el crecimiento económico, las actividades culturales y una mayor coherencia comunitaria.
Si alguna vez has caminado por el centro de Londres, habrás visto esos paneles amarillos y azul oscuro con mapas, atracciones locales y tiempos de caminata repartidos por las calles y cerca de paradas de autobús y metro. Legible London, como se llama el sistema, se le atribuye la redefinición de la orientación de la ciudad, y ahora se considera el punto de referencia para hacer que las ciudades sean accesibles y legibles para los residentes, viajeros y visitantes por igual. Y ahora Seattle ha lanzado su propia versión del sistema de Londres, y Madrid lo hará el próximo año. Giovanna Dunmall le pregunta a Tim Fendley, fundador y director ejecutivo de Applied, la práctica del diseño de experiencia espacial detrás de todos estos proyectos, por qué lo analógico sigue siendo a menudo tan superior a lo digital y qué hace que sea una buena señalización.
Aunque el uso de los arcos en la arquitectura se remonta al II milenio a. C., fueron los romanos quienes los consolidaron como elemento de ingeniería y símbolo de las victorias militares, que ahora vemos en exceso como arcos conmemorativos. Poco después, diferentes civilizaciones y culturas adoptaron el arco para sus propios fines, uniendo la necesidad estructural y la estética. En este artículo, veremos cómo los arcos pasaron de ser elementos estructurales significativos a cautivadores detalles decorativos.