
Entre las décadas de 1950 y 1960 se construyeron dos ciudades que marcarían la historia de la arquitectura y el urbanismo. Hijas de un mismo concepto, mas separadas por más de 14 mil kilómetros, Brasilia, en Brasil, y Chandigarh, en la India, imbuidas de los principios modernistas, foram planificadas y construidas desde cero.
Al surgir en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales, en el que diversos países buscaban reformular sus capitales como símbolos de progreso, ambas ciudades asumieron un papel estratégico. A través del lenguaje arquitectônico adoptado, reafirmaban narrativas ideológicas e identitarias vinculadas al poder del Estado.
Se trataba de ciudades creadas en abstracto, siguiendo una visión utópica. Serían urbes vanguardistas, libres de las deficiencias que asolaban a las ciudades de mediados del siglo XX, que ejemplificarían principios estéticos que reflejarían ideologías políticas progresistas y que abrazarían nuevas tecnologías – principalmente el automóvil.
Sin embargo, esta promesa de futuro terminó generando grandes desafíos. Dificultades que, por supuesto, reflejan los percances sociales y económicos de sus países, pero que también puede decirse que están sazonadas por una idea modernista que hoy se pone en discusión.




