
Las ciudades de todo el mundo comparten un objetivo común: volverse más saludables y verdes, con el respaldo de una infraestructura cívica que restaure los ecosistemas y fortalezca la vida pública. La gran pregunta es cómo lograrlo. Los objetivos climáticos globales, los códigos de edificación locales y las normativas municipales orientan cada vez más a quienes diseñan y planifican hacia mejores decisiones. Sin embargo, muchas ciudades aún luchan por traducir estos marcos de referencia en confort cotidiano a nivel de calle y en una protección ecológica a largo plazo. ¿Qué sucedería si la ciudad ya no fuera tratada como una urbe tradicional, sino como un parque nacional?
Los parques nacionales operan mediante sistemas de protección que abordan el territorio como una red de relaciones ecológicas, y no como una simple colección de sitios aislados. Establecen una base común para lo que debe preservarse, mantenerse y hacerse accesible a lo largo del tiempo. Al aplicar esta lógica al entorno urbano, el éxito del modelo puede inspirar orgullo y un sentido de responsabilidad compartida entre los/las diseñadores/as, los/las formuladores/as de políticas y los/las residentes, fomentando un compromiso colectivo con la salud, el hábitat y la infraestructura cívica.






























