
La silla de oficina ha evolucionado a la par de los cambios en los espacios de trabajo a lo largo del tiempo. En cada época de la oficina, la silla ha reflejado la forma en que las personas trabajan. Los primeros asientos de oficina se fabricaron para el trabajo administrativo: sillas fijas de madera dispuestas en hileras en grandes oficinas administrativas, donde el papeleo seguía rutinas estandarizadas. Hacia la década de 1980, las computadoras comenzaron a cambiar la manera en que las personas ocupaban un escritorio, y el mobiliario de oficina siguió esa misma tendencia. Los y las diseñadoras abordaron los asientos a través de la ergonomía y la biomecánica, perfeccionando la altura regulable, el soporte lumbar, la reclinación sincronizada y la relación entre el cuerpo y la estación de trabajo. Posteriormente, se combinó la investigación ergonómica con nuevos materiales, como la malla de suspensión transpirable en lugar del tapizado de espuma convencional.

















