
En 1959, Jonas Salk, el hombre que descubrió la vacuna contra la poliomielitis, se acercó a Louis I. Kahn con un proyecto. La ciudad de La Jolla, en California, le había proporcionado un terreno pintoresco a lo largo de la costa del Pacífico, donde Salk pretendía fundar y construir un centro de investigación biológica. Salk, cuya vacuna ya había tenido un impacto profundo en la prevención de la enfermedad, estaba convencido de que el diseño de esta nueva instalación debía explorar las implicaciones de las ciencias para la humanidad. Además, tenía una directriz más amplia, aunque no menos profunda, para el arquitecto elegido: "crear una instalación digna de una visita de Picasso". El resultado fue el Instituto Salk, una obra elogiada por su funcionalidad y su impresionante estética, así como por la manera en que ambas se complementan mutuamente. [1,2]



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