
La mezquita, el lugar sagrado de oración del Islam, posee una identidad y características estructurales distintivas. Se trata de una arquitectura serena y espiritual que acerca a las personas a su fe y a la divinidad. Se cree que la casa original del profeta Mahoma en Medina (en la actual Arabia Saudita) fue el primer lugar de oración y sirvió de modelo para la arquitectura de las primeras mezquitas: una estructura de ladrillos de adobe con dependencias residenciales a un lado de un patio rectangular cerrado. Posteriormente, se hizo cada vez más frecuente la asignación de espacios abiertos en el centro de las ciudades para que los musulmanes pudieran reunirse a orar, lo que dio lugar a diversos espacios de culto con una característica espacial universal: su orientación hacia La Meca.
El proceso de diseño de la mezquita comenzó con una única forma geométrica cerrada, lo que reforzaba la idea de espiritualidad y aislamiento. Al poco tiempo, este sencillo prototipo espacial evolucionó hacia la primera mezquita hipóstila formal, conocida por su amplia sala de oración y sus series de arcadas. Las variaciones de este modelo dieron origen a la primera mezquita de Medina, conocida como la Mezquita de Quba (622 d. C.), la Mezquita de Kairuán en Túnez (670 d. C.) y la Mezquita de los Omeyas en Damasco (715 d. C.), algunas de las cuales incorporaron detalles de columnas de la arquitectura griega y romana antigua. No obstante, con el paso de los años, el rol de las mezquitas evolucionó: pasaron de ser un mero lugar de culto a convertirse en una arquitectura que ayuda a restablecer los valores del Islam y aporta a la sociedad en los ámbitos educativo, cívico y ceremonial.





































































































