
Como punto de partida para los proyectos de arquitectura, el terreno y su topografía señalan las directrices que puede seguir la distribución del programa. Entre ellas, destaca una solución por la continuidad que genera entre topografía y arquitectura, a partir de la reducción del nivel de la construcción y el avance del terreno sobre la cubierta. A partir de esta cubierta jardín creada con las mismas características del entorno, el resultado produce la impresión de una intervención casi imperceptible.
La incorporación del terreno como elemento arquitectónico retoma, en cierto modo, el concepto de las cavernas, reforzando la idea de refugio y acogida a partir de un híbrido entre la configuración natural inicial y la intervención arquitectónica.







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