Los árboles suelen ser lo primero en desaparecer cuando comienza la construcción. Despejar el terreno ha sido durante mucho tiempo uno de los actos más inmediatos de la arquitectura: eliminar lo existente para dar cabida a algo nuevo. Cuando se preserva la vegetación, por lo general se la trata como una capa secundaria, reincorporada como paisaje en lugar de estructurar el proyecto en sí mismo.
Sin embargo, algunos proyectos parten de un punto de partida distinto. En lugar de comenzar desde un terreno en blanco, trabajan con lo que ya está allí. Los árboles permanecen en su lugar, no como elementos para encuadrar, sino como condicionantes que influyen en la organización del espacio, el ingreso de la luz y la manera en que la arquitectura toma forma.
Detrás de las fachadas late una vida vibrante donde el exterior se fusiona con el interior, transformando espacios urbanos olvidados en residencias cautivadoras. En ciudades de todo el mundo, los equipos de arquitectura, ingeniería y diseño se enfrentan al desafío de integrar nuevas edificaciones en paisajes urbanos consolidados con un espacio limitado. Hoy en día, numerosos estudios de arquitectura adoptan este concepto, expandiendo sus propuestas más allá de los límites convencionales y transformando pequeños lotes urbanos en espacios habitables en niveles e interconectados.
Las tejas de arcilla roja aparecen en numerosas tradiciones arquitectónicas de todo el mundo, a pesar de tratarse de culturas geográfica e históricamente distantes. Sin embargo, esto no resulta del todo sorprendente. La arcilla es un material de construcción abundante y accesible en todo el mundo; de hecho, algunos estudios y otras fuentes sugieren que compone aproximadamente entre el 10% y el 13% de los suelos de la Tierra. Las tejas rojas, en particular, suelen ser el resultado del contenido mineral del suelo local y del proceso de cocción. Su uso generalizado en regiones sin relación aparente responde menos a una influencia cultural compartida y más a una lógica material: la arcilla es económica, duradera y fácil de trabajar con herramientas y técnicas sencillas. En Vietnam, por ejemplo, existe una tradición singular y muy visible en el uso de tejas de arcilla que se remonta a varios siglos. Regiones como Vinh Long, apodada el "reino de la cerámica roja", cuentan con una gran abundancia de este material, lo que ha sustentado una larga historia de fabricación de tejas. En algunas zonas de Vietnam, estas piezas se conocen como tejas Yin-Yang, debido a la forma cóncava y convexa que adquieren durante su producción.
En una época de colapso ecológico y creciente inseguridad alimentaria, la arquitectura se ve cada vez más llamada a comprometerse no solo con los paisajes, sino también con los sistemas que los sostienen y regeneran. Entre estos sistemas, la agricultura ocupa un papel paradójico, al ser tanto uno de los principales factores de la degradación ambiental como un agente potencial de recuperación ecológica. La agricultura industrial ha agotado los suelos, fragmentado los hábitats y acelerado el cambio climático a través de los monocultivos, la dependencia de los combustibles fósiles y la estandarización territorial. Como respuesta, la agroecología ha surgido como una práctica alternativa arraigada en la biodiversidad, los saberes locales y los ritmos cíclicos de la naturaleza. Esta disciplina redefine la agricultura no como una actividad extractiva, sino como la regeneración de los ecosistemas, las comunidades y el suelo mismo.
Esta nueva perspectiva abre un espacio para que la arquitectura realice una contribución significativa. Alinearse con la agroecología no significa únicamente apoyar la producción de alimentos, sino también comprometerse con las condiciones culturales, espaciales y ecológicas más amplias que la sostienen. Esto implica diseñar considerando las variaciones estacionales, fomentar el uso compartido y construir de manera que se respete tanto a la tierra como a quienes la trabajan. Así, la arquitectura va más allá del simple cerramiento: se convierte en un mediador del cultivo, la reciprocidad y la coexistencia.
Al momento de crear espacios de exposición, el diseño de la experiencia, la propuesta de recorrido o la transmisión de ciertas percepciones y sentidos aportan a la creación de diferentes vínculos y conexiones entre los objetos exhibidos y sus visitantes. Entendiendo el carácter de un showroom como aquel espacio pensado para mostrar productos y servicios de forma creativa y experiencial, ¿qué estrategias de diseño podrían mejorar las experiencias interiores de sus usuarios? ¿cómo dialoga el diseño de interiores con la arquitectura de exposición?