
-
Arquitectos: 6717 Studio
- Área: 50 m²
- Año: 2024
-
Proveedores: Caesarstone





En una época de colapso ecológico y creciente inseguridad alimentaria, la arquitectura se ve cada vez más llamada a comprometerse no solo con los paisajes, sino también con los sistemas que los sostienen y regeneran. Entre estos sistemas, la agricultura ocupa un papel paradójico, al ser tanto uno de los principales factores de la degradación ambiental como un agente potencial de recuperación ecológica. La agricultura industrial ha agotado los suelos, fragmentado los hábitats y acelerado el cambio climático a través de los monocultivos, la dependencia de los combustibles fósiles y la estandarización territorial. Como respuesta, la agroecología ha surgido como una práctica alternativa arraigada en la biodiversidad, los saberes locales y los ritmos cíclicos de la naturaleza. Esta disciplina redefine la agricultura no como una actividad extractiva, sino como la regeneración de los ecosistemas, las comunidades y el suelo mismo.
Esta nueva perspectiva abre un espacio para que la arquitectura realice una contribución significativa. Alinearse con la agroecología no significa únicamente apoyar la producción de alimentos, sino también comprometerse con las condiciones culturales, espaciales y ecológicas más amplias que la sostienen. Esto implica diseñar considerando las variaciones estacionales, fomentar el uso compartido y construir de manera que se respete tanto a la tierra como a quienes la trabajan. Así, la arquitectura va más allá del simple cerramiento: se convierte en un mediador del cultivo, la reciprocidad y la coexistencia.

A medida que se intensifica la variabilidad climática, las tormentas extremas se vuelven más frecuentes en algunas regiones, mientras que la escasez de agua se agrava en otras. Ante este panorama, los/las arquitectos/as se ven cada vez más presionados/as a reconsiderar cómo los edificios se relacionan con la lluvia, entendiéndola tanto como una fuerza ambiental como un recurso de diseño. ¿Cómo puede la arquitectura ir más allá de la simple evacuación del agua excedente para dedicarse a captarla, almacenarla y reutilizarla activamente? ¿Qué significaría tratar el agua de lluvia como un material que da forma a espacios resilientes y significativos?

Las tejas de arcilla roja aparecen en numerosas tradiciones arquitectónicas de todo el mundo, a pesar de tratarse de culturas geográfica e históricamente distantes. Sin embargo, esto no resulta del todo sorprendente. La arcilla es un material de construcción abundante y accesible en todo el mundo; de hecho, algunos estudios y otras fuentes sugieren que compone aproximadamente entre el 10% y el 13% de los suelos de la Tierra. Las tejas rojas, en particular, suelen ser el resultado del contenido mineral del suelo local y del proceso de cocción. Su uso generalizado en regiones sin relación aparente responde menos a una influencia cultural compartida y más a una lógica material: la arcilla es económica, duradera y fácil de trabajar con herramientas y técnicas sencillas. En Vietnam, por ejemplo, existe una tradición singular y muy visible en el uso de tejas de arcilla que se remonta a varios siglos. Regiones como Vinh Long, apodada el "reino de la cerámica roja", cuentan con una gran abundancia de este material, lo que ha sustentado una larga historia de fabricación de tejas. En algunas zonas de Vietnam, estas piezas se conocen como tejas Yin-Yang, debido a la forma cóncava y convexa que adquieren durante su producción.



