Este artículo fue publicado originalmente el 27 de agosto de 2017. Para conocer las historias detrás de otros proyectos de arquitectura emblemáticos, visite nuestra sección Clásicos de Arquitectura.
En 1959, Jonas Salk, el descubridor de la vacuna contra la polio, le propuso un proyecto a Louis I. Kahn. La ciudad de San Diego, California, le había donado un terreno pintoresco en La Jolla, junto a la costa del Pacífico, donde Salk planeaba fundar y construir un centro de investigación biológica. Salk, cuya vacuna ya había tenido un impacto profundo en la prevención de la enfermedad, insistía en que el diseño de esta nueva instalación debía explorar las implicaciones de las ciencias para la humanidad. Asimismo, tenía una directriz más amplia, aunque no menos profunda, para el arquitecto elegido: "crear una instalación digna de una visita de Picasso". El resultado fue el Instituto Salk, una obra elogiada tanto por su funcionalidad como por su impactante estética, así como por la manera en que ambas se complementan mutuamente.[1,2]
Con crestas y valles que evocan los cercanos Alpes, la enorme cubierta del Estadio Olímpico de Múnich ha sido un hito local desde la inauguración de las Olimpiadas de 1972, para las cuales fue diseñado. Con la intención de presentar una nueva cara de la Alemania de posguerra, el estadio —de un carácter marcadamente moderno— buscaba integrarse en armonía con su entorno. Pese a estas modestas intenciones, la polémica rodeó al proyecto desde sus inicios, centrándose en el aumento desorbitado de los costos, la pérdida del patrimonio local y el sombrío espectro del pasado reciente del país.