
Desde principios del siglo XX, el automóvil particular ha venido moldeando las ciudades y la arquitectura, demandando espacios específicos para circular y ser resguardado. Los autos y motocicletas dictaron la organización espacial, e incluso el paisaje urbano y rural, de países enteros. No obstante, ante la crisis climática e hito de los problemas que este modelo de desarrollo genera en las urbes y en el planeta, cada día son más visibles as iniciativas que buscan suprimir los automóviles individuales motorizados impulsados por combustibles fósiles, al mismo tiempo que se percibe la necesidad de resignificar espacios antes dedicados a los vehículos. Más agraciados de las calles y los espacios públicos, esta transformación también se siente a escala del edificio, en casas y conjuntos residenciales que comienzan a concebir los garajes como espacios más dinámicos.

























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