Senior Content Editor en DAAily Platforms. Arquitecta, Magíster en Proyecto Urbano de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2021). Reside en Santiago, Chile
El plástico de cloruro de polivinilo (PVC) —comúnmente conocido como vinilo— está en todas partes. De hecho, es muy probable que usted se encuentre cerca de (o sobre) algún objeto que contenga PVC en cualquiera de sus formas. Se utiliza en empaques, autopartes, juguetes infantiles, ropa, accesorios, cables, muebles, suministros médicos y cientos de otros artículos de uso diario. Tan solo este año, la producción mundial superó los 51 millones de toneladas métricas, consolidando su posición como el tercer plástico más producido en el mundo. Es especialmente en la industria de la arquitectura, la ingeniería y la construcción donde el material se mantiene imbatible, representando entre el 60% y el 70% de su consumo total. A tal punto que se ha convertido de manera indiscutible en el plástico más utilizado en materiales de construcción a nivel mundial, encontrándose frecuentemente en tuberías, conexiones, pisos, cubiertas, perfiles de ventanas y más. No es difícil entender por qué: el PVC es duradero, sumamente versátil, económico y de fácil mantenimiento. Sin embargo, como suele decirse, todo tiene un costo...
Las tendencias van y vienen en el cambiante panorama de la arquitectura de interiores. Ya sea una nueva estética, un tratamiento de pared innovador o el último color viral, existen ciertas características de diseño que siempre destacan en esta industria tan dinámica. Algunas desaparecen tan rápido como emergen o resurgen en nuevas formas años después, mientras que otras perduran y resisten la prueba del tiempo gracias a su naturaleza versátil y adaptable. El revestimiento acanalado es un claro ejemplo de esto. Con su capacidad para agregar textura y atractivo visual a diversos estilos de diseño, ha sido una opción popular de revestimiento para dormitorios, cocinas y espacios habitables en las últimas décadas. Y ahora más que nunca, encajando con las preferencias actuales que tienden hacia elementos elegantes, táctiles y estructurados, ha consolidado su presencia en interiores residenciales contemporáneos.
“Dos cabezas piensan mejor que una”, dice el viejo refrán. Y con justa razón. Como los seres sociales que somos, las personas prosperamos a través de las interacciones interpersonales y el intercambio dinámico de ideas. Son estas ideas colectivas las que tienden a florecer, evolucionar y alcanzar su máximo potencial, impulsadas por una diversidad de perspectivas y experiencias. Es precisamente por eso que el trabajo en equipo se erige como uno de los pilares más valorados de cualquier entorno laboral, lo que también explica por qué el personal de oficina pasa un promedio del 37% de su tiempo semanal en reuniones. No sorprende, por lo tanto, que los entornos de oficina modernos adopten las salas de reuniones como espacios designados para la ideación colaborativa y la toma de decisiones. Sin embargo, no de la manera que muchos podrían imaginar. Atrás quedaron los días de las salas de conferencias insípidas con poco más que una mesa grande, sillas incómodas y paredes blancas, para dar paso a modelos nuevos y más innovadores que responden a un paradigma en constante cambio.
Hay algo en los tonos saturados de las flores primaverales al florecer y en los matices cálidos y ardientes de un atardecer sobre el paisaje urbano que nos llena de alegría. Los seres humanos anhelamos el color; de hecho, nos ha fascinado desde el principio de nuestra existencia. Tanto es así que todo, desde el color de nuestra ropa hasta los pixeles brillantemente iluminados en esta pantalla, es un intento de recrear —y realzar— los tonos vibrantes de la naturaleza, encontrando en ellos una fuente de inspiración y vitalidad. Nuestro cerebro está programado para asociar los colores con sensaciones y experiencias: el verde exuberante de un bosque evoca tranquilidad y renovación, mientras que el azul profundo del océano despierta una sensación de misterio y aventura. Esta capacidad de suscitar emociones es precisamente lo que convierte al color en una herramienta invaluable para los/las arquitectos/as y diseñadores/as, y explica también por qué las tendencias se alejan del minimalismo neutro que alguna vez dominó, para dar paso a una estética más maximalista que adopta toques de color, dimensión y texturas lúdicas.
Casa en Kashiwa / Yamazaki Kentaro Design Workshop. Imagen de cortesía por Naoomi Kurozumi Architectural Photographic Office
Similar a un camaleón que cambia de color para fundirse con su entorno, la arquitectura debe evolucionar y adaptarse constantemente a las demandas cambiantes. Hace algunas décadas, las viviendas solían estar asociadas únicamente con la vida privada y el descanso, mientras que los espacios de trabajo estaban diseñados exclusivamente para eso: el trabajo. Era común que cada uso se separara en su propia habitación, convirtiendo los espacios cerrados y rígidos en la norma estándar que los arquitectos debían seguir. Eso, por supuesto, hasta que los nuevos patrones de vida y trabajo difuminaron estas fronteras para adaptarse a las tendencias contemporáneas.
¿Cómo puede un edificio ser más eficiente? Esta es una inquietud que los arquitectos enfrentan a diario, respondiendo a las demandas de una industria cada vez más consciente de su impacto ambiental. Hoy más que nunca, el foco está en diseñar edificios que integren la sostenibilidad, la eficiencia y el confort térmico como pilares fundamentales en la búsqueda de un entorno construido más saludable.
Tener una buena estrategia de control solar es crucial para conseguir una arquitectura más eficiente especialmente cuando, además de ofrecer protección solar y generar un ahorro económico, también se generan ventajas en términos estéticos, acústicos, de confort térmico, durabilidad y mantenimiento.
¿Cómo serán las ciudades del futuro? O mejor dicho, ¿cómo deberían ser las ciudades del futuro? Las clásicas películas de ciencia ficción inspiradas en Star Trek, con las que muchas personas crecimos, pintaban un panorama de autos voladores, grotescos rascacielos de acero y tejidos urbanos demasiado vastos y densos para la escala humana. Sin embargo, se puede afirmar que el ideal para las ciudades de hoy y de mañana ha dado un giro de 180 grados. El nuevo urbanismo moderno promueve ciudades diversas y de usos mixtos, con manzanas transitables a pie, transporte sostenible y espacios públicos accesibles. Copenhague, con sus calles aptas para peatones y bicicletas, idílicos canales de agua, edificios icónicos y residentes generalmente felices, cumple con muchos de esos requisitos. No es de extrañar que la capital danesa haya sido designada como la Capital Mundial de la Arquitectura de la UNESCO para 2023; otra prueba de la posición de la ciudad como laboratorio de arquitectura contemporánea innovadora y planificación urbana centrada en las personas.
Durante muchos años, a menudo con un tono de expectación y entusiasmo, hemos escuchado que la impresión 3D revolucionará la arquitectura tal y como la conocemos. Pero si nos detenemos un momento, reflexionamos sobre el presente y miramos hacia atrás, resulta evidente que la tecnología ha estado transformando la industria durante mucho tiempo, reinventándose constantemente y dando paso a nuevas etapas de diseño, construcción y creatividad espacial. La impresión 3D, que funciona como un proceso de fabricación aditiva –es decir, capa por capa–, utiliza modelos digitales para crear objetos tridimensionales con un gran nivel de precisión y eficiencia, ahorrando tiempo, generando cero residuos, reduciendo los costos de mano de obra y abriendo vías para la creación rápida de prototipos y el diseño iterativo. Permite a los arquitectos explorar oportunidades creativas y recuperar autonomía al diseñar elementos complejos y no estandarizados dentro de un proceso industrial y personalizado en masa.
Durante muchos años, a menudo con un tono de expectación y entusiasmo, hemos escuchado que la impresión 3D revolucionará la arquitectura tal y como la conocemos. Pero si nos detenemos un momento, reflexionamos sobre el presente y miramos hacia atrás, resulta evidente que la tecnología ha estado transformando la industria durante mucho tiempo, reinventándose constantemente y dando paso a nuevas etapas de diseño, construcción y creatividad espacial. La impresión 3D, que funciona como un proceso de fabricación aditiva –es decir, capa por capa– utiliza modelos digitales para crear objetos tridimensionales con un gran nivel de precisión y eficiencia, ahorrando tiempo, generando cero residuos, reduciendo los costos de mano de obra y abriendo vías para la creación rápida de prototipos y el diseño iterativo. Permite a los arquitectos explorar oportunidades creativas y recuperar autonomía al diseñar elementos complejos y no estandarizados dentro de un proceso industrial y personalizado en masa.
Al igual que los diseñadores de moda utilizan alfileres, agujas y textiles para dar vida a sus creaciones, los arquitectos dependen de los materiales para dar forma al entorno construido. Desde el acero y el vidrio hasta la madera y el concreto, estos forman la paleta artística que transforma los planos en estructuras tangibles, cerrando la brecha entre la imaginación y la realidad. Es tan simple, y a la vez tan complejo como eso. Con tantos materiales –en diversas formas, acabados, texturas y colores–, tomar las decisiones correctas para un proyecto puede ser bastante desafiante. Naturalmente, surgen varias preguntas: ¿Cómo navegan los arquitectos las infinitas opciones para dar vida a sus diseños? ¿En qué consiste el proceso de especificación de materiales? ¿Por dónde se empieza?
Ancestral, vernácula, minimalista y armoniosa. Para muchos, estos conceptos definen la arquitectura de Japón, un país que a lo largo de los años se ha convertido en una gran fuente de inspiración cultural y tecnológica para sociedades alrededor del mundo. Diversas técnicas japonesas han llegado incluso a los rincones más remotos del planeta, ganando terreno en todo tipo de disciplinas, desde la artesanía a la innovación digital. En el ámbito de la arquitectura, la apropiación y reinvención de distintos materiales y sistemas de construcción –como el uso de madera carbonizada en fachadas– es un tema que ha perdurado en el tiempo.
Como verdaderos orquestadores espaciales, la experiencia de los arquitectos se extiende más allá de la mera construcción de edificios, a menudo trascendiendo el ámbito físico del diseño. Poseen la capacidad única de crear espacios que no solo sean visualmente atractivos, sino que también se sientan acogedores, armoniosos y, sobre todo, funcionales. Abrazar este papel vital implica una cuidadosa consideración de todos los elementos que conforman un proyecto; desde los cimientos de un edificio hasta un sofá, los arquitectos deben asegurarse de que todos los elementos, en todas las escalas, se unan de manera cohesiva e influyan positivamente en nuestras vidas cotidianas.
La complejidad de nuestro mundo es cada vez mayor y, con ella, aumentan las presiones y exigencias sobre nuestro entorno construido. Los/las arquitectos/as se enfrentan a una tarea monumental: traducir las necesidades siempre cambiantes de la sociedad en soluciones tangibles, eficaces y sostenibles. Problemáticas urgentes como la crisis climática, la rápida urbanización, la densidad de población y la escasez de vivienda exigen una nueva arquitectura, una que no tema cuestionar la forma tradicional de trabajar y esté dispuesta a asumir el reto. Hoy en día, la industria debe adaptarse, evolucionar e innovar para hacer frente a estos desafíos. La disponibilidad de datos está cambiando las reglas del juego y, a medida que la tecnología siga avanzando, abrirá nuevas formas de pensar, crear y relacionarse con el entorno construido.
En este artículo, profundizamos en los efectos de la transformación digital, cómo está reconfigurando la industria y las preguntas que plantea sobre el papel futuro de los/las arquitectos/as.
Impulsado por problemáticas urgentes como la crisis climática, la densidad demográfica y la rápida urbanización, el entorno construido se ha vuelto cada vez más complejo. Los y las profesionales de la arquitectura y el diseño se enfrentan a una tarea desafiante pero fundamental: traducir las necesidades en constante evolución de la sociedad en soluciones tangibles y orientadas al futuro. Con el fin de alcanzar este objetivo, deben adoptar las innumerables herramientas, materiales y tecnologías que surgen cada día en el campo de la construcción, desde la inteligencia artificial hasta los programas de realidad virtual y los sistemas para el hogar inteligente. En última instancia, para mantenerse a la vanguardia en una industria donde el cambio es la norma, la capacidad de adaptarse y evolucionar es crucial para el éxito.
El cloruro de sodio, conocido comúnmente como "sal", es omnipresente en nuestra vida cotidiana. Con usos ancestrales y una abundancia natural excepcional, protege ecosistemas, sirve para descongelar carreteras, resulta crucial en procesos industriales y sazona las mesas de todo el mundo. Hubo un tiempo en que fue tan valiosa como el oro; sin embargo, hoy en día se le atribuye un valor menor, ya que no suele despertar el mismo interés de investigación sobre sus propiedades físicas, mecánicas o estéticas que otras alternativas de origen natural, como las algas o el micelio. No obstante, se trata de un material extraordinario con un potencial ilimitado. Más allá de su función esencial para la vida, la sal es económica, accesible, antibacteriana, resistente al fuego, la humedad y el calor, y posee una notable capacidad para reflejar y difundir la luz.
Le Corbusier describió alguna vez la arquitectura como “el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes ensamblados bajo la luz”. La luz natural –y la sombra que la acompaña– desempeña un papel fundamental en la configuración de nuestra percepción de la arquitectura, cumpliendo una larga lista de funciones que definen cómo los usuarios y usuarias experimentan, habitan e interactúan con los edificios. Desde iluminar y acentuar hasta potenciar las vistas y evocar calidez, la presencia de la luz natural tiene el poder de definir el tono y el lenguaje estético de una habitación. Incluso tiene un impacto significativo en la salud y el bienestar de las personas, lo que incluye mejorar el estado de ánimo y la productividad, regular los ritmos circadianos y reducir la fatiga visual y los dolores de cabeza; literalmente, hace nuestras vidas más brillantes.
Tras dos décadas de desarrollo, el Gran Museo Egipcio (GEM) en El Cairo es uno de los edificios culturales más esperados, destinado a convertirse en una maravilla arquitectónica y en un destacado centro de estudios científicos, históricos y arqueológicos. Este imponente megaproyecto multimillonario ocupa un terreno de aproximadamente 500,000 metros cuadrados contiguo a las pirámides de la meseta de Guiza, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En sus salas, el que pronto será el museo arqueológico más grande del mundo exhibirá 3,500 años de historia del antiguo Egipto, revelados a través de una colección de más de 100,000 piezas arqueológicas, muchas de las cuales se mostrarán al público por primera vez.
"Nuestro planeta se está ahogando en plástico", afirma Naciones Unidas. Si bien el material hecho por el hombre tiene muchos usos valiosos, nuestra adicción a los productos de plástico de un solo uso ha provocado graves problemas económicos, de salud y ambientales. Aproximadamente un millón de botellas de plástico se compran cada minuto y cinco billones de bolsas de plástico se usan cada año en todo el mundo –usadas solo una vez y luego se desechan. Los plásticos y microplásticos han encontrado su camino en todos los rincones de nuestro entorno natural, desde los picos de las montañas más altas hasta las profundidades de los océanos más profundos. Tanto es así, que se han convertido en parte del registro fósil de la Tierra y han creado un hábitat microbiano marino completamente nuevo conocido como "plastisfera".